Los 25 datos principales sobre Akenatón que debes saber

Montaje con cuatro retratos egipcios superpuestos: dos cabezas de perfil, un busto policromado y una máscara funeraria.

Akenatón fue el faraón que intentó dejar a Egipto con un solo dios. Subió al trono como Amenhotep IV hacia 1353 a. C., a finales de la XVIII dinastía, y lo que hizo después no tiene comparación en tres mil años de historia egipcia: cerró los templos del dios más rico del país, se llevó la corte a una ciudad que no existía y ordenó picar de la piedra el nombre de Amón. Le costó que sus sucesores lo trataran como a un criminal.

Van veinticinco datos sobre Akenatón, comprobados uno a uno. Sobre este faraón circula mucha información falsa —sobre su salud, sobre su tumba, sobre cómo murió—, así que cuando algo es una hipótesis y no un hecho, aquí se dice. Si buscas el relato seguido en vez de la lista, está en su biografía completa.

1. Reinó diecisiete años

Estatua colosal de estilo amarniense con las formas alargadas y andróginas características del arte de Akenatón.

Gobernó Egipto diecisiete años, los cinco primeros con el nombre de Amenhotep IV. Las dos cronologías que se manejan sitúan su subida al trono en 1353 o en 1351 a. C., y su muerte en 1336 o 1334: las cifras de 1370 y 1358 que suelen repetirse no cuadran con ninguna de las dos. Dónde lo coronaron tampoco consta, y de sus primeros años apenas hay documentación: el Akenatón que conocemos empieza a existir en el año cinco.

2. Nefertiti no era su hermanastra

Primer plano del busto de Nefertiti, con su característica corona azul y sus rasgos faciales perfectamente conservados.

De los padres de Nefertiti no hay registro, pero la evidencia circunstancial apunta al cortesano Ay, no a la familia real: nada la sitúa como hermanastra del faraón. Se casaron al principio del reinado, cuando ella tendría entre doce y dieciséis años, y tuvieron seis hijas: Meritatón, Meketatón, Anjesenpaatón, Neferneferuatón Tasherit, Neferneferura y Setepenra. Akenatón tuvo más esposas, pero es a Nefertiti a quien los relieves muestran del mismo tamaño que él, oficiando ante Atón.

Durante décadas se dio por hecho que desaparecía del registro hacia el año 12, pero un grafito de cantera hallado en Dayr Abu Hinnis y publicado en 2014 la nombra «gran esposa real» en el año 16, casi al final del reinado. Así que estaba viva casi hasta el final. De su tumba y de su cuerpo no se sabe nada, y qué fue de ella enlaza directamente con el enigma de la sucesión, que es el punto 20.

3. Fundó una ciudad entera desde cero

Cimientos y muros de adobe de la ciudad de Ajetatón en el desierto de Amarna.

La fundó en el año 5 de su reinado y la llamó Ajetatón, «el horizonte de Atón»; hoy el yacimiento se conoce por su nombre árabe, Amarna. Se levantó en un descampado sin pasado religioso y llegó a tener entre veinte mil y cincuenta mil habitantes: artesanos, sacerdotes, barqueros, comerciantes. Su eje era la Vía Real, una calzada trazada lo bastante ancha como para que los carros del faraón y de Nefertiti la recorrieran en procesión, que es exactamente para lo que se hizo.

4. No era el heredero

Cabeza colosal de granito de un faraón, con la nariz rota, vista de frente.

Era hijo de Amenhotep III —el noveno faraón de la XVIII dinastía, que reinó treinta y ocho años y pasó a la historia como Amenhotep el Magnífico— y de la reina Tiy. Pero el heredero era su hermano mayor, el príncipe Tutmosis, que murió antes que su padre por causas que no conocemos. Se lee a menudo que la muerte del príncipe arrastró a la de su padre. No fue así: lo que hizo fue convertir al segundo hijo en heredero, y Amenhotep III siguió reinando años.

5. Todo apunta a que fue el padre de Tutankamón

Detalle del sarcófago dorado de Tutankamón, con el cayado y el mayal cruzados sobre el pecho.

Tutankamón era hijo suyo, pero no de Nefertiti. El análisis genético de 2010 identificó a la madre en la momia conocida como la Dama Joven, hermana de sangre del padre. El niño nació como Tutankatón, «imagen viva de Atón», y se cambió el nombre a Tutankamón al restaurar el culto antiguo. Con una salvedad que se desarrolla en el punto 14: lo que el ADN identificó fue al ocupante de la tumba KV55.

6. Escribió el primer gran poema a un dios único

Muro cubierto de jeroglíficos en relieve, iluminado por un círculo de luz.

De lo que se le atribuye haber escrito queda una pieza: el Gran Himno a Atón, copiado en la tumba de su cortesano Ay en Amarna. No habla de seres que bajen del cielo, como suele decirse. Describe un mundo que se apaga cuando el sol se pone y despierta cuando sale, con los leones saliendo de sus guaridas de noche y los polluelos rompiendo el cascarón por la mañana. Es el texto que mejor explica su religión, y su parecido con el Salmo 104 lleva discutiéndose más de un siglo.

7. Sus templos no tenían techo

Bloque de relieve en caliza con una figura de perfil y cráneo alargado, propia del arte de Amarna.

El apogeo constructivo del Imperio Nuevo fue el reinado de su padre, no el suyo: lo de Akenatón no fue esplendor, fue ruptura. Pero construyó mucho y deprisa. En Karnak levantó el Gempaatón, un recinto dedicado a Atón pegado al de Amón por el lado este, aunque fuera de sus muros; en Amarna, el Gran Templo de Atón, de unos ochocientos metros de largo. Y ninguno tenía techo, al revés que todos los templos egipcios anteriores: al dios al que servían había que verlo.

8. Su reforma era religión, pero también dinero

El disco solar de Atón grabado en relieve, con sus rayos terminados en manos.

El atonismo se considera la primera experiencia monoteísta de Estado documentada, aunque muchos especialistas prefieren llamarlo monolatría: un dios por encima de los demás dioses, no en lugar de ellos. Y no era solo teología. Los templos de Amón en Tebas concentraban tierras, rentas y graneros, y su clero era el único poder que competía con el palacio. Con Atón como dios único y el rey como su único intermediario, aquel sacerdocio se quedaba a la vez sin oficio y sin rentas, de un día para otro. Es la parte de la historia que casi nunca se cuenta, con un matiz que hay que poner: ninguna fuente egipcia declara ese móvil. Es la interpretación más extendida entre los egiptólogos, no una confesión del faraón.

9. Persiguió a Amón, pero no a Ra

Pintura de cuatro divinidades egipcias de pie, con cabezas de vaca, halcón, cánido y chacal.

La campaña de borrado no fue contra todos los dioses. Ra no fue perseguido: Atón se formuló precisamente como una manifestación solar ligada a Ra-Horajti, y la titulatura del propio Atón lo invoca. Contra quien se fue Akenatón fue contra Amón y las divinidades tebanas asociadas, como Mut. Puso canteros a trabajar por todo el país picando el nombre de Amón allí donde apareciera, y la orden no admitió excepciones: se borró hasta cuando el nombre del dios formaba parte del de su propio padre, y en inscripciones colocadas tan alto que nadie iba a leerlas. También hizo borrar la palabra «dioses» en plural.

10. La escena de la tumba que nadie sabe interpretar

En la tumba real de Amarna hay un relieve que se usa desde hace décadas para acusarlo de incesto: la princesa Meketatón bajo un dosel asociado al parto, sus padres llorando y una nodriza con un bebé. De ahí salió la idea de que Akenatón tuvo un hijo con su propia hija. El estado real de la cuestión es otro: no es un hecho, es una lectura, y hoy se considera improbable, porque por la secuencia de sus representaciones Meketatón tenía diez u once años al morir. La interpretación alternativa —que el dosel y el bebé representen su renacimiento simbólico, y el niño sea su ka— está al menos igual de sostenida.

11. Rompió mil quinientos años de canon artístico

Fragmento de relieve con el rostro de perfil de Akenatón: mentón alargado, labios gruesos y ojos rasgados.

Mandó representarse con el cráneo alargado, el cuello largo, las caderas anchas, el vientre curvado y los pechos marcados, rasgos que mezclan lo masculino y lo femenino, cuando durante quince siglos los faraones se habían hecho retratar como atletas jóvenes e idénticos entre sí. Y cambió lo que se consideraba digno de pintarse: aparecen por primera vez escenas domésticas de la familia real, el rey besando a sus hijas y sentándolas en el regazo. De aquellos talleres salió el objeto más famoso del periodo, el busto de Nefertiti que hoy se expone en Berlín.

12. Su nombre no significa lo que suele decirse

Montaje del rostro de una estatua egipcia superpuesto a la silueta de dos pirámides al atardecer.

En el quinto año de reinado dejó de llamarse Amenhotep, «Amón está satisfecho», y pasó a llamarse Akenatón. El nombre suele traducirse por «espíritu viviente de Atón», pero eso no es lo que dice: significa «beneficioso» o «efectivo para Atón», y según se lea la palabra aj también cabe «espíritu glorificado del disco solar». «Viviente» no está en el nombre. El cambio no era un capricho onomástico: era el anuncio público de que el faraón dejaba de honrar al dios más poderoso del panteón.

13. Lo borraron de las listas reales

Obras de restauración en el recinto de Karnak, con una grúa junto a un pilono cubierto de andamios.

Los faraones posteriores grababan listas de sus antecesores, y en ninguna figura Akenatón. La de Abidos salta de Amenhotep III a Horemheb sin nada en medio: faltan él, Tutankamón y Ay, los tres suprimidos del recuento oficial. Estuvo borrado hasta el siglo XIX, cuando el yacimiento de Amarna empezó a documentarse: Wilkinson en 1824, Lepsius en los años cuarenta, las cartas de Amarna en 1887.

14. Su cuerpo pudo aparecer en 1907, y aún se discute

Retrato fotográfico en blanco y negro de un hombre con barba y bigote, en un marco decorado.

Edward Ayrton halló la tumba KV55, en el Valle de los Reyes, el 6 de enero de 1907, trabajando para el millonario estadounidense Theodore M. Davis. Dentro había un ataúd dorado con una momia. El estudio genético de 2010 estableció que aquel hombre era hijo de Amenhotep III y padre de Tutankamón, lo que apunta a Akenatón. Pero el debate no está cerrado: la edad que sugieren los huesos no encaja bien con los diecisiete años de reinado, y hay especialistas que siguen sin darlo por identificado.

15. Lo de «hereje» es un título póstumo

Estatuilla de caliza de un rey sentado en el trono, de perfil, con las formas estilizadas del periodo de Amarna.

Nadie llamó hereje a Akenatón mientras vivía: el epíteto es de la egiptología moderna. Lo que sus sucesores le llamaron fue «el criminal». Su reforma dejó fuera del culto oficial a divinidades tan arraigadas como Isis. Y Nefertiti alcanzó bajo su reinado una prominencia sin precedentes —aparece oficiando el culto e incluso abatiendo a un enemigo con la maza, un gesto reservado al faraón—, pero de ahí a decir que la divinizó formalmente, como suele leerse, no hay fuente que lo sostenga.

16. Las cartas de Amarna cuentan un imperio desatendido

Tres tablillas de barro con escritura cuneiforme del archivo diplomático de Amarna.

Es un archivo de unas trescientas ochenta tablillas de barro escritas en acadio cuneiforme, la lengua diplomática de la época, halladas en el yacimiento en 1887. Conservan la correspondencia entre la corte egipcia y los reyes de Babilonia, Asiria, Mitanni y Hatti, y con los vasallos de Siria y Palestina. Y lo que muestran no es que Akenatón se negara a pagar a tropas extranjeras, como se repite: es justo lo contrario. Eran sus propios vasallos quienes pedían oro y soldados a Egipto, cada vez más desesperados, mientras el hitita Supiluliuma I se quedaba con sus territorios. Egipto no perdió una guerra: no se presentó.

17. Amarna no se abandonó de golpe

Vista aérea de un templo egipcio en ruinas, con sus patios y columnas al descubierto.

Akenatón murió en el año 17 de su reinado, y ni la restauración del culto antiguo ni el abandono de la ciudad fueron inmediatos. La corte siguió allí bajo sus sucesores y la capital no se movió hasta el tercer año de Tutankamón, que la llevó a Menfis mientras Tebas recuperaba el papel religioso. Ajetatón se quedó vacía y nadie volvió a construir encima, que es la razón de que hoy conservemos su planta completa, algo que no ocurre con ninguna otra ciudad egipcia. Otra cosa son sus edificios: de esos se llevaron hasta los sillares.

18. El síndrome de Marfan quedó descartado

Durante décadas se dio por hecho que aquellas imágenes retrataban a un enfermo, y el diagnóstico favorito era el síndrome de Marfan. El estudio genético dirigido por Zahi Hawass y publicado en 2010 lo descartó: no encontró marcadores de Marfan ni de Antley-Bixler en ningún miembro de la familia real, ni signos de pecho femenino ni de cráneo deforme en la momia de KV55, que es la que con más probabilidad es la suya. Era un hombre de complexión corriente. Lo que se tomaba por enfermedad era una decisión estética y religiosa.

19. Su tumba está en Amarna, no en el Valle de los Reyes

Detalle de la tapa de un sarcófago de piedra: el rostro y las manos cruzadas de la figura yacente.

Aquí se confunden dos tumbas distintas más que en ningún otro punto de su historia. Akenatón se hizo excavar la suya en Amarna, en un uadi al este de la ciudad: se conoce como TA26, la encontraron lugareños en la década de 1880 y se excavó desde diciembre de 1891. Estaba saqueada. Aparecieron fragmentos de su sarcófago de granito y del de su hija Meketatón, con sus tapas, y el arcón canopo de alabastro roto en pedazos.

KV55, la del punto 14, es otra cosa: no una tumba construida para él, sino un escondrijo posterior al que alguien llevó un ataúd y cuatro vasos canopos. Fundir las dos en una es el error más repetido que se lee sobre su enterramiento.

20. Quién reinó entre él y Tutankamón no está claro

Relieve policromado con una figura real de perfil, con peluca azul y collar ancho.

El nombre que suele darse es Smenkhkare, pero su parentesco con Akenatón no está establecido: se le propone como hijo y también como hermano menor, y no hay ninguna edad atestiguada para él. Su reinado se estima en torno a un año. Hoy se considera al menos igual de probable que quien ocupara ese hueco fuera Neferneferuatón, a quien muchos identifican con la propia Nefertiti. Lo que sí es seguro es cómo acabó la cadena: Tutankamón fue coronado con ocho o nueve años.

21. Su madre fue Tiy, no Tey

Grupo escultórico de un rey y una reina sentados, con una figura menor entre ellos, en un museo.

Es una confusión que se arrastra por media internet. La madre de Akenatón fue la reina Tiy, gran esposa real de Amenhotep III y una de las mujeres más influyentes del Imperio Nuevo, que aparece incluso en la correspondencia diplomática. Tey es otra persona: la mujer del cortesano Ay y nodriza de Nefertiti.

Cabeza de madera de una reina egipcia con peluca y pendiente, sobre un fondo de relieves.

Que Tiy pesara en la sucesión de su hijo es plausible. Lo que no tiene respaldo es la historia del príncipe rechazado al que ni siquiera llevaban a los actos públicos: lo único que puede decirse es que Amenhotep IV apenas aparece documentado antes de reinar, que no es lo mismo que estar apartado.

22. La lista de diagnósticos a distancia es larga

Además del Marfan se le han atribuido el síndrome de Fröhlich, el de Klinefelter, una insensibilidad a los andrógenos, un exceso de aromatasa y el síndrome de Loeys-Dietz. Ninguno está demostrado y varios se descartan solos: el Fröhlich, por ejemplo, cursa con esterilidad, y a Akenatón se le documentan al menos siete hijos. Son diagnósticos hechos a partir de estatuas, que es como diagnosticar a alguien mirando su caricatura.

23. Los egipcios siguieron rezando a sus dioses en casa

Atón no era un dios intangible, al contrario: era el disco solar, la divinidad más literalmente visible de todas. Lo que no tenía era imagen humana ni animal, y eso lo dejaba fuera del trato cotidiano que los egipcios mantenían con sus dioses. Las excavaciones en las casas y en la aldea de trabajadores de Amarna lo demuestran: bajo el propio reinado del faraón hereje y en su propia ciudad, la gente guardaba amuletos y capillas domésticas de Bes y de Tueris, los dioses del parto y del hogar de siempre.

24. Dos de cada tres obreros de Amarna tenían huesos rotos

Detalle de un relieve con jeroglíficos tallados, entre ellos una serpiente y una cesta.

El dato es real y viene del cementerio de las Tumbas del Sur, excavado por el Amarna Project: de 95 adultos estudiados, 64 —el 67,4 %— presentaban al menos una fractura curada o en proceso de curación. En el conjunto de los restos exhumados, una muestra más amplia que esos 95 adultos, el 42,7 % mostraba cribra orbitalia, y se documentaron signos de escorbuto y de raquitismo entre los tres y los veinticinco años. Lo que no está documentado es la cifra de obreros: los veinte mil que suelen citarse son la horquilla baja de la población de la ciudad, no un censo de mano de obra. Tampoco hay constancia de ejecuciones por robar comida.

25. No hay ninguna prueba de que lo asesinaran

Cabeza de una princesa amarniense con el cráneo alargado, iluminada sobre fondo negro.

La teoría de que el clero de Amón mató a Akenatón y a su familia circula mucho y se atribuye a «algunos estudiosos». Su principal defensor, Stephen Mehler, es un investigador de lo alternativo, no un egiptólogo, y ninguna fuente académica la sostiene. De Akenatón no se conoce la causa de la muerte, Nefertiti simplemente desaparece del registro, y de Tutankamón se dijo lo mismo hasta que el TAC de 2005 y el estudio de 2010 apuntaron a la malaria y a una fractura de fémur. Amarna tampoco fue arrasada por una venganza: se desmanteló después, y sus bloques acabaron de relleno en las obras de Horemheb.

Akenatón no fue el faraón más famoso de Egipto —ese lugar lo ocupan Tutankamón y Ramsés II— ni introdujo el monoteísmo en el mundo: el atonismo murió con él y no hay continuidad demostrada con nada posterior. Lo que sí hizo fue intentar cambiar una civilización desde arriba con una radicalidad que no tiene precedentes, y fracasar tan por completo que estuvo a punto de desaparecer de la historia. De todos los faraones del Antiguo Egipto, sigue siendo el más discutido.