Cuáles son los 10 mejores descubrimientos e inventos de los sumerios
Los sumerios, que ocuparon el sur de Mesopotamia entre el IV y el III milenio a. C., dejaron por escrito el primer sistema de escritura, el primer código de leyes y el primer sistema numérico de la historia. Nada de eso llegó hasta nosotros por casualidad: lo escribieron sobre arcilla, un soporte que el fuego de los incendios cocía en vez de destruir, y por eso todavía pueden leerse sus recibos, sus contratos y sus poemas. Estos son los diez descubrimientos e inventos de los sumerios que más lejos han llegado.
1. La metalurgia del cobre

El cobre fue el primer metal que la humanidad aprendió a fundir y moldear, y en el Próximo Oriente se trabajaba ya en el V milenio a. C., antes incluso de que existiera Sumer como tal. Lo llamativo es dónde acabó floreciendo ese oficio: en una llanura que no tiene ni una sola mina. El suelo aluvial entre el Tigris y el Éufrates es limo puro, así que cada gramo de cobre llegaba en barco desde Magan —el actual Omán— o desde Anatolia, muchas veces con escala en Dilmun, la isla de Baréin. Con él se hicieron primero puntas de flecha, anzuelos, agujas y navajas, y después jarras, vasijas y cinceles. La pieza que mejor resume ese dominio del metal es el relieve de Imdugud, un friso de cobre de más de dos metros de ancho hallado en 1919 en el templo de la diosa Ninhursag de Tell al-Ubaid, junto a Ur. Está fechado entre el 2600 y el 2400 a. C., representa al águila con cabeza de león Imdugud —símbolo del dios Ningirsu— flanqueada por dos ciervos, y se conserva en el Museo Británico.
2. El juego de mesa más antiguo del mundo

El Juego Real de Ur es el juego de mesa más antiguo del que conservamos a la vez el tablero, las piezas y las reglas. Leonard Woolley encontró cinco tableros en el cementerio real de Ur, en el sur del actual Irak, durante las campañas que dirigió allí entre 1922 y 1934, y todos ellos se fechan entre el 2600 y el 2400 a. C. El mejor conservado, incrustado de concha, lapislázuli y caliza roja, se expone en el Museo Británico de Londres. También se le conoce como juego de las veinte casillas, y variantes del mismo tablero han aparecido desde Egipto hasta la India: fue el primer pasatiempo de alcance internacional.
Cada jugador manejaba siete fichas y cuatro dados con forma de pirámide de cuatro caras, dos de cuyas puntas iban marcadas: se lanzaban todos a la vez y se contaban las puntas marcadas que quedaban arriba, de manera que la tirada iba de cero a cuatro. Las reglas originales se perdieron, pero el asiriólogo Irving Finkel identificó en el Museo Británico una tablilla cuneiforme del 177 a. C., escrita por el escriba babilonio Itti-Marduk-balatu, que describe una versión tardía de la partida y permitió reconstruir cómo se jugaba. Es una carrera: gana quien logra sacar del tablero sus siete fichas antes que el rival, y por eso se le considera un antepasado lejano del backgammon.
3. La invención de la rueda

Antes de servir para viajar, la rueda sirvió para trabajar el barro: el torno de alfarero se usaba en Mesopotamia desde alrededor del 4000 a. C., y de ahí salió la idea de un disco que gira sobre un punto fijo. El testimonio mesopotámico más antiguo de una rueda de transporte es un pictograma de Uruk de finales del IV milenio a. C. que dibuja un trineo montado sobre discos. El salto decisivo, sin embargo, no fue el disco sino el eje: había que perforar el bastidor del carro y dejar que las ruedas girasen libres sobre una barra fija, una carpintería de precisión que pocas culturas dominaban entonces. Conviene añadir un matiz a la idea de que la rueda «se inventó en Sumer»: hallazgos casi contemporáneos en Europa —la vasija de Bronocice, en Polonia, hacia el 3500 a. C., y la rueda de las marismas de Liubliana, hacia el 3200 a. C.— impiden saber quién fue primero. Lo que sí es sumerio sin discusión es la escala a la que se usó: carros de cuatro ruedas macizas tirados por bueyes movían grano, ladrillo y piedra en cantidades que ninguna cuadrilla de hombres podía cargar, y sin ellos habría sido imposible abastecer ciudades de decenas de miles de habitantes.
4. El sistema numérico sexagesimal

El sistema sexagesimal sumerio, en base 60, es probablemente su invento más presente en la vida diaria: cada vez que alguien mira un reloj o mide un ángulo está usando su aritmética. Nació de una necesidad muy concreta —llevar la cuenta de graneros, rebaños e impuestos— y de una ventaja de cálculo difícil de igualar: 60 se divide de forma exacta entre 2, 3, 4, 5, 6, 10, 12, 15, 20 y 30, más que cualquier otro número de su tamaño, así que casi cualquier reparto salía redondo sin recurrir a fracciones incómodas. Al principio contaban con fichas de arcilla de valor propio: un cono pequeño valía 1, una bola 10 y un cono grande 60. De ahí salieron los numerales cuneiformes, que combinan solo dos signos —la cuña vertical y la cuña en ángulo— y funcionan por posición, igual que nuestros dígitos. Los escribas manejaban además un ábaco rudimentario del que hay noticia ya en el III milenio a. C.
5. El barco de vela
Sin barcos no habría habido Sumer: la piedra, el metal y la madera de construcción llegaban navegando por el Éufrates y por el golfo Pérsico. Las embarcaciones se hacían con haces de caña atados y calafateados con betún, el asfalto natural que rezuma del suelo mesopotámico; los restos de ese calafateado hallados en el yacimiento H3 de As-Sabiya, en Kuwait, tienen entre 7.500 y 7.000 años y son los vestigios de barco de mar más antiguos que se conocen. La vela llegó después: unos modelos de arcilla encontrados en Eridu, del IV milenio a. C., tienen un agujero central y perforaciones laterales que durante décadas se leyeron como el encaje de un mástil y sus cabos, aunque hoy algunos investigadores los interpretan más bien como cuencos de hilar. La discusión no cambia el fondo: en el III milenio a. C. los textos y los sellos cilíndricos ya describen barcos de vela cuadrada que iban y volvían de Dilmun y Magan cargados de cobre, y el gran armador de aquella flota era el templo, que financiaba los viajes y se quedaba con parte del beneficio.
6. La escritura cuneiforme

Entre el 3400 y el 3000 a. C., los escribas de Uruk empezaron a marcar tablillas de arcilla blanda con un cálamo de caña de punta triangular. Cada presión dejaba un trazo con forma de cuña, y de ahí viene el nombre de la escritura cuneiforme, del latín cuneus. No nació para la literatura, sino para la contabilidad: las tablillas más antiguas son recibos de cebada, cerveza y ganado. El sistema arrancó siendo pictográfico —el dibujo de una cabeza de buey significaba «buey»— y se fue abstrayendo hasta que los signos dejaron de representar cosas para representar sonidos, lo que permitió escribir nombres propios, verbos y, con el tiempo, poemas; por el camino el repertorio bajó de más de mil signos a unos seiscientos. Su verdadera fuerza fue no ser la escritura de una lengua, sino de muchas: acadios, babilonios, asirios, hititas, elamitas y persas la adoptaron para idiomas que no tenían ningún parentesco con el sumerio, igual que hoy el alfabeto latino vale para el español y para el vietnamita. Se usó durante más de tres mil años, y la última tablilla cuneiforme que puede fecharse es un almanaque astronómico de Uruk del año 79 o 80 d. C.
7. El Código de Ur-Nammu

El Código de Ur-Nammu es el texto legal más antiguo que se conserva. Se redactó hacia el 2100-2050 a. C., en tiempos de la tercera dinastía de Ur, unos tres siglos antes que el código de Hammurabi, y se conoce sobre todo por una copia aparecida en Nippur. Su aportación no está solo en el formato «si ocurre esto, la pena es esta», que después copiaría toda Mesopotamia, sino en el criterio: frente a la ley del talión que impondría Hammurabi, Ur-Nammu castiga casi todas las lesiones con multas en plata. Partirle un hueso a alguien costaba una mina; dejarlo tuerto, media. De sus artículos se deduce además buena parte de la estructura social sumeria: qué valía un esclavo, qué derechos conservaba una viuda y cuánto costaba un divorcio. Estos son algunos de ellos:
Si un hombre comete un homicidio, se le dará muerte.
Si un hombre comete un robo con violencia, se le dará muerte.
Si un hombre comete un secuestro, será encarcelado y pagará quince siclos de plata.
Si un esclavo toma por esposa a otra esclava y después es liberado, no abandonará la casa de su amo.
Si un esclavo toma por esposa a una mujer libre, entregará a su amo el primer hijo varón.
Si un hombre fuerza a la esposa virgen de otro y la desflora, se le dará muerte.
Si la esposa de un hombre lo abandona por otro y este yace con ella, se dará muerte a la mujer y el hombre quedará libre.
Si un hombre fuerza a la esclava virgen de otro, pagará cinco siclos de plata.
Si un hombre se divorcia de su primera esposa, le pagará una mina de plata.
Si se divorcia de una viuda con la que se había casado, le pagará media mina de plata.
8. La monarquía
Los sumerios se llamaban a sí mismos sag-gig-ga, «el pueblo de las cabezas negras», y fueron ellos quienes convirtieron el mando en un cargo estable. Antes de que existiera la monarquía, quien gobernaba era el sacerdote, y lo hacía desde el templo: el zigurat no era solo un santuario, sino la oficina administrativa de la ciudad. Los sacerdotes medían la tierra, repartían las parcelas entre las familias, distribuían la cosecha, arbitraban los pleitos, organizaban los rituales, controlaban el comercio exterior y dirigían el ejército.
El sistema se quedó corto cuando las ciudades crecieron y las guerras entre ellas se hicieron continuas: hacía falta una autoridad capaz de mandar sobre un territorio entero, y no solo sobre una comunidad de vecinos. Los sumerios la legitimaron por vía divina —el rey manda porque los dioses lo han elegido— y con el tiempo llegaron a tratar al propio monarca como una figura sagrada. La Lista Real Sumeria, compuesta hacia el 2100 a. C., abre diciendo que «la realeza descendió del cielo» y arranca con soberanos legendarios a los que atribuye reinados de miles de años, como Etana de Kish, del que se contaba que subió al cielo a lomos de un águila para conseguir la planta del nacimiento y poder tener un hijo. El primer rey del que existe prueba material es otro: Enmebaragesi, también de Kish, hacia el 2600 a. C., cuyo nombre aparece grabado en un fragmento de vasija de alabastro. Ese trozo de piedra marca la frontera exacta entre la leyenda y la historia documentada.
9. La astronomía y el calendario lunar

Los sumerios fueron los primeros en agrupar las estrellas en constelaciones y en ponerles nombre, y varias de las que seguimos usando conservan el que recibieron en Mesopotamia: el Toro, el León, el Escorpión. Llegaron a Grecia siglos más tarde, a través de Babilonia. Identificaron también los cinco planetas visibles a simple vista —Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno— y anotaron sus movimientos con la misma constancia con la que llevaban la contabilidad de un granero, porque el objetivo era práctico: de esos registros salían los presagios que decidían cuándo atacar una ciudad o cuándo empezar la siembra. Su día empezaba al ponerse el sol, no al amanecer, y lo dividían en doce danna, «dobles horas» de unas dos horas cada una. Esa partición en doce, combinada con la base 60, es la razón de que hoy una hora tenga sesenta minutos y una circunferencia, trescientos sesenta grados.
Su calendario era lunar: doce meses que empezaban con la primera aparición de la luna creciente después del novilunio, lo que da un año de unos 354 días, once menos que el solar. Para que las fiestas no se fueran descolgando de las estaciones, los sacerdotes intercalaban un decimotercer mes cuando hacía falta, por decisión del rey y no por una regla fija; el ciclo regular de siete meses añadidos cada diecinueve años no se adoptó hasta el siglo V a. C., ya en época babilónica. El año se partía en dos estaciones, emesh (verano) y enten (invierno), empezaba en el equinoccio de primavera y el primer día se celebraba el rito del matrimonio sagrado entre el soberano y la sacerdotisa de la diosa Inanna. Buena parte de la historia del calendario occidental arranca en estas tablillas.
10. Las armas y el primer ejército
Los sumerios no inventaron la guerra, pero sí el ejército. La Estela de los Buitres, esculpida hacia el 2450 a. C. para celebrar la victoria de Lagash sobre la vecina Umma, muestra la formación cerrada de infantería más antigua que se conoce: filas de soldados con casco de cobre, escudos solapados y lanzas asomando por delante, casi dos mil años antes de la falange griega. De sus talleres salieron el hacha de cubo —con un ojo hueco por el que pasaba el mango, mucho más resistente que las hachas de piedra atadas con correas, y con una hoja estrecha capaz de atravesar el cuero y el cobre de las protecciones enemigas—, la espada falcada de hoja curva, la maza y el casco metálico.
También fueron los primeros en llevar la rueda al campo de batalla. Los carros que aparecen en el Estandarte de Ur, hacia el 2600 a. C., son vehículos pesados de cuatro ruedas macizas tirados por onagros, muy lejos de los ágiles carros de dos ruedas que llegarían un milenio después: no servían para perseguir a nadie, sino para embestir la línea enemiga y romperla. El equipo completo del soldado sumerio pasó casi sin cambios a acadios y asirios, y con ellos se extendió por todo el Próximo Oriente.
¿Qué otras cosas inventaron los sumerios?
La lista de diez se queda corta. Hay inventos sumerios que no caben en ella y que explican, mejor que ninguno, por qué aquella llanura acabó siendo la cuna de la civilización:
- El regadío a gran escala. Canales, diques y compuertas convirtieron una llanura donde apenas llueve en el granero del Próximo Oriente. Mantener esa red exigía coordinar a miles de personas todos los años, y esa necesidad es una de las explicaciones más aceptadas de la formación de los primeros estados.
- La ciudad. Uruk pudo rondar los 40.000 o 50.000 habitantes hacia el 3000 a. C., seguramente el lugar más poblado del planeta en ese momento, con muralla, barrios y templos. Es una de las ciudades más antiguas que se conocen.
- La escuela. La edubba o «casa de las tablillas» formaba a los escribas. Se conservan ejercicios de alumnos con las correcciones del maestro encima y hasta un texto en el que un estudiante cuenta las palizas que recibió en clase.
- La cerveza y su receta. El Himno a Ninkasi, la diosa de la cerveza, es a la vez un poema religioso y unas instrucciones de elaboración: describe cómo se cocían los panes de cebada y se dejaban fermentar en tinajas.
- La literatura. La epopeya de Gilgamesh, considerada la obra literaria más antigua del mundo, se formó a partir de poemas sumerios sobre el rey de Uruk.
Ninguno de estos inventos se le ocurrió a una sola persona. Son la respuesta acumulada de varias generaciones a un problema muy concreto: vivir apretados junto a un río que daba de comer y podía arruinarlo todo en una sola crecida. Lo llamativo es cuánto de aquello sigue funcionando. Los sesenta minutos de la hora, los trescientos sesenta grados del círculo, la idea de que la ley se escribe y se hace pública, la costumbre de dejar por escrito lo que se debe y lo que se cobra: todo eso salió de un puñado de ciudades del sur de Irak hace más de cuatro mil años y no ha hecho falta volver a inventarlo. Acadios, babilonios y asirios ampliarían después la lista, pero el punto de partida está aquí: los inventos de los sumerios son la primera capa de los logros de la antigua Mesopotamia.
