Sobekneferu: la primera faraona de Egipto
Sobekneferu fue la primera mujer que gobernó el antiguo Egipto por derecho propio con el título completo de faraón, hacia 1760 a. C. Cerró la XII Dinastía y el Imperio Medio tras un reinado de menos de cuatro años, y todavía hoy no se sabe dónde está enterrada.
Al oír la palabra faraón vienen a la cabeza Tutankamón, Ramsés o, como mucho, Cleopatra, que reinó mil quinientos años después de Sobekneferu y al final de la historia egipcia, no al principio. Entre unos y otra hay una lista de gobernantes casi exclusivamente masculina, y el nombre de la mujer que la abrió apenas aparece en los libros de divulgación.

¿Cómo llegó Sobekneferu al trono de Egipto?

Sobekneferu —también transcrita como Neferusobek— reinó sobre Egipto entre 1760 y 1756 a. C. y fue la última soberana de la XII Dinastía (1938-1756 a. C.). Su nombre significa «la belleza de Sobek» y remite al dios cocodrilo. Los faraones de la XII Dinastía hicieron de Fayum su centro económico y religioso, y era aquí donde se adoraba y cuidaba a los cocodrilos.
La estructura de la familia real egipcia estaba pensada para los hombres. El faraón encarnaba en la tierra al dios Horus, y lo normal y lo esperado era que el hijo mayor sucediera a su padre. El sistema, sin embargo, fallaba cada cierto tiempo, y en esas grietas es donde alguna mujer llegó a sentarse en el trono de Egipto.
El padre de Sobekneferu fue Amenemhat III, aunque no está claro cuál de sus esposas era su madre. A la muerte del rey, el trono no pasó a ella, sino a Amenemhat IV, hermano suyo o quizá medio hermano. Se ha sostenido que ese hermano fue además su marido, pero las pruebas son endebles.

Cuando su hermano murió sin heredero, el trono quedó vacío. Por sangre, Sobekneferu era la más cercana al trono y por lo tanto ocupó el lugar de su hermano. Asumió títulos reales y gobernó como rey. Nunca usó, en cambio, el título de «esposa del rey», que habría dado por hecho su matrimonio con él.
Cuando se convirtió en faraón, pasó por la ceremonia habitual de nombramiento y recibió los cinco nombres utilizados por los faraones. Para componerlos volvió sobre Sobek, el mismo dios de su nombre de nacimiento, que se asociaba al poder de los faraones, a la pericia militar y a la fertilidad.
Neferuptah, la hermana que pudo reinar antes que ella
Se cree que tenía una hermana mayor llamada Neferuptah, a quien estaban preparando para gobernar. Murió, sin embargo, antes que su padre, y por eso el trono acabó pasando al hermano de ambas. Todo apunta a que Amenemhat III no tenía inconveniente en dejar una heredera.
La prueba es el cartucho que rodea su nombre, un marco reservado a los reyes: Neferuptah fue una de las primeras mujeres de la realeza egipcia que lo recibió. También llevó los títulos propios de la esposa del faraón, pese a no haberse casado con él. Su padre le preparó sepultura dentro de su propia pirámide de Hawara, pero finalmente no la enterraron allí, sino en una pirámide pequeña levantada para ella a unos dos kilómetros. Fue una suerte: aquella tumba menor pasó desapercibida a los saqueadores y un equipo egipcio la encontró intacta en 1956, con su ajuar de joyas, un sarcófago de granito y tres vasijas de plata.
¿Cuánto tiempo reinó Sobekneferu?
Según el canon de Turín, Sobekneferu gobernó tres años y diez meses. En ese tiempo amplió el complejo funerario de Amenemhat III en Hawara —el edificio que Heródoto llamaría el Laberinto— y supervisó obras en Heracleópolis Magna.
¿Fue Sobekneferu realmente la primera faraona?
Se ha defendido que hubo faraonas antes que ella. La primera candidata es Meritneith (I Dinastía). Se cree que fue la esposa de Jet y actuó como regente de su hijo Den durante sus primeros años. Si bien esto le dio cierto poder de gobierno, en realidad no la convirtió en una gobernante por derecho propio como Sobekneferu.
La segunda candidata es Khentkaus I (IV Dinastía). En la puerta de su tumba de Giza hay un título que admite dos lecturas: «madre de dos reyes» o «rey y madre del rey». Y se conservan imágenes suyas en actitud regia, con barba postiza incluida.
Como Meritneith, pudo gobernar en nombre de su hijo Sahure mientras este era demasiado joven; se la considera esposa de Userkaf, el fundador de la V Dinastía, a quien Sahure sucedió en el trono. El mismo título reaparece después en la pirámide de otra reina, Khentkaus II, lo que complica aún más la lectura. Con todo, su nombre nunca se escribió dentro de un cartucho real, y la mayoría de las listas modernas de gobernantes egipcios no la incluyen.

La tercera candidata aparece en registros mucho más tardíos, los del historiador egipcio Manetón, que menciona a una mujer llamada Nitocris y le atribuye la construcción de la tercera pirámide de Giza, algo que hoy sabemos que no ocurrió.
Heródoto también menciona a Nitocris. Afirma que para vengar al rey (su hermano), ella mató brutalmente a cientos de egipcios. Nitocris habría mandado excavar una sala subterránea y allí convocó a un banquete a los responsables de su muerte; con la fiesta ya empezada, dejó entrar por un conducto el agua del Nilo y los ahogó a todos. Después, para escapar del castigo, se quitó la vida. Sin embargo, su relato no le atribuye una tercera pirámide, como sí lo hace Manetón.
Las fuentes de Heródoto, sin embargo, son dudosas. Nitocris es la forma griega del egipcio Nitiqreti, un nombre que aparece en el canon de Turín, la lista real copiada en la XIX Dinastía, y en un papiro de la VI Dinastía.
Durante mucho tiempo se dio por hecho que ese nombre pertenecía a una gran reina. Al recomponerse los fragmentos que faltaban del papiro se vio que en realidad formaba parte de la titulatura de un rey varón, Neitiqerty Siptah. La primera faraona se esfumó, así, en un error de lectura.
Descartadas las tres, la primera prueba clara de una mujer que gobernó por derecho propio no aparece hasta el Imperio Medio, y esa mujer es Sobekneferu.
¿Cómo se representaba a Sobekneferu?

De su reinado se conservan algunos monumentos y objetos: cinco estatuas y varios fragmentos del templo funerario de Amenemhat III, registros de las crecidas del Nilo y una serie de escarabeos, sellos y cuentas con su nombre.
En muchos de esos monumentos se hace representar junto a su padre. Un ejemplo es una escena con un serekh —el marco que encierra el nombre del rey y lo presenta como fachada de palacio— en la que Amenemhat III tiende un ankh, el jeroglífico de la vida, a Sobekneferu. La escena parece subrayar la legitimidad dinástica de Sobekneferu. Algunos estudiosos han interpretado esta imagen como una representación de un gobierno compartido entre los dos.
Sus estatuas la muestran con las vestiduras y las posturas propias de un rey. En una aparece con un vestido ceñido de tirantes y, encima, el faldellín masculino; en otra, con el manto de la fiesta Sed, el jubileo real. Hay además una imagen suya con un tocado que casi todos los especialistas consideran insólito. Algunos sostienen que este extraño tocado pudo haber sido el resultado de un intento de combinar las coronas del rey y la reina. La estatua se conserva hoy en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
En Tell el-Dab’a, en el Delta oriental, aparecieron tres estatuas de basalto sin cabeza que se le atribuyen: dos sedentes y una arrodillada. Se sospecha que salieron originalmente de Fayum, por la devoción a Sobek de Shedyt, pero el hallazgo se produjo en el Delta. Una de ellas vuelve a combinar, como aquel tocado, prendas masculinas y femeninas en la misma figura.
Aunque muchas de las imágenes la muestran vestida de hombre, no hay evidencia de que intentara hacerse pasar por un hombre. La mayor parte del tiempo utilizó sufijos femeninos en sus títulos. A pesar de esto, algunos estudiosos han argumentado que al usar ropa de hombre, intentaba apaciguar a quienes criticaban su gobierno como mujer. Otros han llegado más lejos y sostienen que veía su condición de mujer como algo vergonzoso y trató de disimularla.
Frente a esas lecturas, Caroline Graves-Brown, Joyce Tyldesley y Gay Robins sostienen algo más sencillo: quiso parecerse a un faraón tradicional, y eso no dice nada sobre cómo viviera su condición de mujer. Los signos que identificaban a un faraón eran masculinos porque todos los faraones anteriores lo habían sido; para que la reconocieran como tal, no tenía otro repertorio que usar.
La tumba perdida de Sobekneferu

No se sabe dónde fue enterrada Sobekneferu. Se ha propuesto que su tumba sea uno de los complejos piramidales arrasados de Mazghuna, junto al que se atribuye a Amenemhat IV, pero el egiptólogo Aidan Dodson ha señalado que no hay ninguna prueba que lo sostenga.
El canon de Turín, la tabla de Saqqara y la lista de Karnak la cuentan entre los reyes de Egipto sin distinguirla de los demás. Falta, en cambio, en la lista real de Abidos, de la que fue borrada casi con seguridad por ser mujer: el mismo silencio que siglos después se impuso sobre Hatshepsut.
