Las 10 diosas más veneradas del Antiguo Egipto

Representación artística de una reina o diosa egipcia con tocado dorado y alas estilizadas, evocando a las divinidades femeninas del Antiguo Egipto.

Las diosas egipcias más veneradas fueron Isis, Nut, Bastet, Maat, Mut, Anuket, Neith, Hathor, Neftis y Sekhmet, diez divinidades femeninas que se repartían la maternidad, la guerra, la justicia, el amor y la crecida del Nilo. Tras la unificación del Alto y el Bajo Egipto hacia el 3100 a. C., el faraón quedó como máxima autoridad religiosa del Antiguo Egipto, y el panteón que administraba funcionaba por competencias muy concretas: cada divinidad tenía su ciudad, su animal y su parcela del mundo. Junto a los dioses egipcios masculinos, estas diez concentraban buena parte del culto, y esto es lo que representaba cada una.

Isis, diosa de la magia y la maternidad

Estatuilla de una diosa egipcia alada arrodillada, con las alas extendidas en actitud protectora, iconografía típica de Isis.

Isis es la diosa de la magia, la maternidad y la protección, y su nombre significa «trono»: el jeroglífico con que se escribe es precisamente un trono, el asiento del poder real. Las primeras menciones seguras no aparecen hasta la Dinastía V, hacia el 2400 a. C., y a diferencia de otras divinidades no arrastra una ciudad de origen indiscutible, aunque la investigación reciente apunta al delta. Su importancia no dejó de crecer hasta convertirla en la diosa más importante del panteón. Como la esposa que devolvió la vida a Osiris tras su asesinato y crió sola a su hijo Horus, encarnó las virtudes que los egipcios esperaban de una madre y una esposa. Los griegos la identificaron con Deméter, y su culto acabó extendiéndose por todo el Mediterráneo romano.

Nut, diosa del cielo

Relieve en piedra de una diosa egipcia alada y arrodillada, con el disco solar sobre la cabeza y las alas extendidas.

Nut es la diosa del cielo: su cuerpo arqueado sobre la tierra formaba la bóveda celeste y hacía de capa protectora del mundo. Era hermana y esposa de Geb, la tierra, y madre de Osiris, Set, Neftis e Isis; Horus, hijo de Isis y Osiris, era su nieto. Los egipcios creían que Nut se tragaba al dios sol Ra cada noche y lo daba a luz cada mañana, de modo que el amanecer era literalmente un parto. Por eso su figura se pintaba en los techos de los templos y en el interior de las tapas de los sarcófagos: así el difunto quedaba para siempre bajo su cuerpo.

Bastet, diosa del hogar y la protección

Estatuilla de Bastet representada como una mujer con cabeza de gato, ataviada con joyas doradas.

Bastet es la diosa del hogar, la fertilidad y la protección de la familia, y su gran centro de culto fue Bubastis, en el delta del Nilo. En su forma temprana se la representaba como una leona o como una mujer con cabeza de leona. En el primer milenio antes de Cristo adoptó una forma menos feroz, la del gato doméstico, y desde entonces aparece en pinturas, estatuas y bajorrelieves como un majestuoso gato sentado, a veces con anillos en las orejas o la nariz. Durante el período ptolemaico se la asoció con la diosa griega Artemisa, la divina cazadora y diosa de la luna.

Maat, diosa de la justicia y el orden

Maat es la diosa de la ley, la moralidad y la justicia, y su nombre designa además el propio orden del mundo: el equilibrio que había que sostener para que el cosmos no se viniera abajo. Se creía que Maat regulaba las estrellas, las estaciones y los actos de los hombres y los dioses. Su papel principal se desarrollaba en la Duat, el inframundo, durante el juicio de los muertos: allí Anubis colocaba el corazón del difunto en un platillo de la balanza y la pluma de Maat en el otro, mientras Thoth, su esposo, anotaba el resultado. Si el corazón pesaba más que la pluma, la devoradora Ammit acababa con él y el difunto se quedaba sin la vida feliz que esperaba en el más allá.

Mut, la diosa madre de Tebas

Estatua de una figura egipcia tocada con la doble corona del Alto y el Bajo Egipto.

Mut es la diosa madre por excelencia —su nombre significa precisamente «madre»— y su templo se levantaba en Karnak, en Tebas. Se la representa con la doble corona del Alto y el Bajo Egipto, y su nombre se escribía en jeroglíficos con el signo del buitre. Formaba el segundo miembro de la tríada tebana junto a Amón, su esposo, y Jonsu, su hijo; antes de que Jonsu ocupara ese lugar, el tercer miembro había sido Montu. Numerosos faraones rindieron culto a la tríada al completo, y las conexiones de Mut con otras divinidades hicieron que se la describiera también como gata, cobra, vaca e incluso leona.

Anuket, diosa de las cataratas del Nilo

Estatuilla egipcia sedente con el alto tocado de plumas característico de la diosa Anuket.

Anuket es la diosa de las cataratas del Nilo y de la Baja Nubia, y su nombre suele traducirse como «la abrazadora». Su culto tenía el centro en Elefantina, al comienzo de la ruta del Nilo a través de Egipto, y en la vecina isla de Sehel. Cuando empezaban las inundaciones anuales del río comenzaba el festival de Anuket. En Elefantina formaba tríada con Jnum y Satis, los otros dos dioses de la primera catarata, y a los tres se les agradecía el agua que daba vida a los campos.

Neith, diosa de la guerra y la creación

Estatuilla de bronce de una diosa egipcia de pie, con las manos abiertas sosteniendo dos emblemas verticales a la altura de la cintura.

Neith es la diosa de la guerra y de la creación, y una de las más antiguas de Egipto: era la patrona de Sais, en el delta del Nilo. Se la invocaba como protectora del rey y de los difuntos, y era una de las cuatro diosas que velaban los vasos canopos donde se guardaban las vísceras del embalsamado. Cada año se celebraba en su honor el Festival de los Faroles, en el que se encendían luces al aire libre durante toda la noche. La llamaban Diosa Guerrera, Diosa Creadora, Diosa Madre y Diosa del Bajo Egipto, y en su faceta funeraria, Abridora de los Caminos; llevaba la corona roja del Bajo Egipto y a veces se la representaba con un arco y flechas. Cuando los griegos llegaron a Sais reconocieron en ella a su Atenea, guerrera y virgen igual que Neith.

Hathor, diosa del amor y la alegría

Recreación artística de una diosa egipcia con tocado de cuernos y disco solar, entronizada ante un templo.

Hathor es la diosa del amor, la alegría, la música y la maternidad, y su gran templo se alza en Dendera, uno de los mejor conservados de Egipto. Generalmente se la representaba como una vaca, como una mujer con cabeza de vaca o como una mujer con orejas de vaca. Unía maternidad y fertilidad, y se creía que protegía a las mujeres durante el parto. Tuvo también un importante aspecto funerario, por el que se la conocía como «Señora de Occidente», el lado del Nilo donde estaban las necrópolis: recibía al sol en su puesta y lo custodiaba hasta la mañana, y los vivos esperaban ser acogidos igual en el más allá. Para los griegos era el equivalente de Afrodita.

Neftis, diosa de la muerte y la protección

Relieve dorado con dos diosas aladas enfrentadas, flanqueadas por ojos de Horus, motivo funerario de protección.
Recreación artística de una diosa egipcia con grandes alas desplegadas de tonos morados y dorados.

Neftis, o Nebthet, es la diosa de la muerte y de la protección de los difuntos, y formaba parte de la Gran Enéada de Heliópolis. Hija de Nut y Geb y hermana de Isis, encarnaba la experiencia de la muerte igual que su hermana encarnaba la de la vida: las dos aparecen emparejadas y simétricas en las escenas funerarias, velando juntas al difunto.

Esa faceta protectora tenía su lado temible. A veces se la describía como agresiva, capaz de incinerar con su aliento de fuego a los enemigos del faraón.

Se la representaba como una mujer con grandes alas de halcón extendidas, en gesto de amparo sobre el cuerpo del muerto.

Sekhmet, diosa de la guerra y la enfermedad

Estatua dorada de Sekhmet con cabeza de leona y el disco solar sobre la cabeza.

Sekhmet, cuyo nombre significa «la poderosa», es la diosa de la guerra y de la enfermedad, y su culto principal estaba en Menfis, junto al de Ptah. Hija de Ra, guiaba y protegía al faraón en la batalla, y se la representa como una leona con el disco solar y el uraeus, la cobra asociada a la realeza. Como Ojo de Ra, era la manifestación vengadora del poder del dios solar, y por eso se la temía tanto como se la invocaba: la misma diosa capaz de enviar las epidemias podía retirarlas, y sus sacerdotes tenían fama de sanadores.

Las diosas del Antiguo Egipto no eran figuras decorativas del panteón. De su favor dependía que el río creciera a tiempo, que un parto saliera bien o que el difunto superara el juicio, y por eso sus nombres aparecen tanto en los muros de los templos como en el ajuar de las tumbas.