Diosa de la Guerra del Antiguo Egipto Sekhmet (7 hechos)
Sekhmet era la diosa egipcia de la guerra, la peste y la curación, representada como una mujer con cabeza de leona y disco solar. Hija del dios sol Ra y conocida como «la Poderosa», encarnaba una contradicción que a los egipcios no les resultaba extraña: la misma fuerza capaz de desatar una epidemia era la única capaz de detenerla.
Patrona de los médicos y de los sacerdotes-sanadores, fue también la divinidad que estuvo a punto de exterminar a la humanidad en uno de los mitos más crudos que nos ha llegado de Egipto. Temida y adorada a partes iguales, la leona Sekhmet era una de las diosas más destacadas del panteón egipcio.
1. ¿Quién era la diosa egipcia Sekhmet?

Había muchas diosas poderosas en el panteón egipcio. La más famosa de ellas es, por supuesto, Isis, la Gran Hechicera y madre de todos los dioses. Pero Hathor, la diosa del amor y la música, tuvo muchos más seguidores en la antigüedad. Adoptó formas muy distintas, casi todas benéficas y protectoras del pueblo de Egipto. Pero cada vez que Hathor se enojaba, tomaba la forma de Sekhmet, la leona temible y sanguinaria que se alimentaba de la sangre y del miedo de sus enemigos. En el arte egipcio se la representaba como una mujer con cabeza de leona y, en ocasiones, su piel estaba pintada de verde, como Osiris. Llevaba un ankh, el signo de la vida, en su mano izquierda y una flor de loto de tallo largo en su mano derecha. Su cabeza estaba coronada por un gran disco solar, que la vinculaba con el dios sol Ra, y por un ureo, la cobra erguida asociada a la realeza egipcia.
El nombre Sekhmet procede de la palabra egipcia sekhem, «poder» o «fuerza», con la terminación -t propia del femenino: literalmente, «la Poderosa». Sus epítetos son todos igual de temibles. En los textos egipcios a veces se la llama «Aquella ante quien tiembla el mal», «Dama del Terror», «Atormentadora» o «Dama de la Matanza».
Aunque nació como un aspecto de Hathor, con el tiempo ambas acabaron separándose en dos divinidades independientes, principalmente porque sus personalidades eran muy diferentes entre sí. Durante el Imperio Medio, Sekhmet se asoció con Bastet, la diosa gata, y absorbió atributos de Mut, la diosa madre.
2. ¿De dónde procede Sekhmet y dónde se la adoraba?

Los orígenes de Sekhmet no están claros, pero parece haber nacido en la región del Delta, donde los leones rara vez se veían y, por lo tanto, se los consideraba bestias misteriosas y mágicas. Según la Teología Menfita, el texto grabado en la llamada piedra de Shabako, la leona Sekhmet era la esposa de Ptah, el dios patrón de los artesanos, y la madre del dios del loto Nefertum. También fue la primogénita del dios sol Ra. Ptah, Sekhmet y Nefertum formaban así la llamada «tríada menfita»: padre, madre e hijo. Se los veneró como grupo mientras Menfis conservó su peso religioso, con especial fuerza durante las dinastías XVIII y XIX, hasta el reinado de Seti I (c. 1290-1279 a. C.).
En el templo de Mut de Karnak se la veneró como «Señora de Isheru», por el lago sagrado en forma de media luna que rodeaba el recinto, y su culto fue intenso en Luxor, Menfis, Letópolis y todo el Delta. En algunos templos se le ofrecía sangre de animales recién sacrificados para aplacar su ira. Ya apaciguada, concedía a sus fieles poder sobre sus enemigos y la fuerza para superar la debilidad y la enfermedad.
Los sacerdotes oficiaban ritos a diario ante una estatua nueva de la diosa para mantenerla apaciguada. Esa es la razón de que hayan sobrevivido tantas imágenes suyas. Solo en el templo funerario de Amenhotep III, en Kom el-Hettan, se han documentado unas 730 estatuas de Sekhmet. En Leontópolis (ciudad del león, en griego), algunas fuentes relatan que había leones y leonas domesticados que se mantenían en cautiverio como imágenes vivientes de Sekhmet.
3. ¿Por qué llamaban a Sekhmet «la Sanguinaria»?

Sekhmet disfrutaba del sabor de la sangre. Cada año, en la festividad de Hathor y Sekhmet, los egipcios celebraban la salvación de la humanidad bebiendo grandes cantidades de cerveza teñida de rojo con ocre, para que pareciera sangre. Los registros conservados de esas fiestas recogen los epítetos con que se la invocaba: «la Misericordiosa», «la Destructora de la Rebelión», «la Poderosa de los Hechizos». Durante la celebración, la estatua de Sekhmet estaba vestida de rojo, mirando al oeste, y la estatua de Bastet estaba vestida de verde y mirando al este. Bastet era considerada la contraparte o gemela de Sekhmet, y durante el festival ambas encarnaban la dualidad, un concepto central en la mitología egipcia. Sekhmet representaba al Alto Egipto y Bastet, al Bajo Egipto: una era la diosa mansa y amable; la otra, la diosa sanguinaria y peligrosa de la guerra y la venganza.
Su fama de sanguinaria nace del mito en que estuvo a punto de exterminar a la humanidad, y la borrachera ritual de esa fiesta —con música y bailes que se prolongaban hasta el amanecer— reproducía cada año el ardid que la detuvo. El ritual tenía además un segundo sentido: conjurar una crecida excesiva del Nilo, cuyas aguas se teñían cada año de rojo al arrastrar los sedimentos que bajaban desde las tierras altas de Etiopía.
4. Sekhmet, diosa de la guerra y patrona de los faraones

Con semejante reputación de crueldad y ferocidad, era lógico que se la asociara con la guerra. Sekhmet fue adoptada por muchos faraones egipcios como patrona militar, ya que se decía que lanzaba fuego contra los enemigos de Egipto. Los estandartes con su imagen se llevaban al combate como símbolo del poder del faraón. En una estatua erigida en el templo de Mut en Karnak, se la conoce como la «destructora de los nubios». Durante las campañas militares, los cálidos vientos del desierto se consideraban el aliento de la diosa, y después de cada batalla se celebraban festivales en su honor para apaciguarla y frenar su destrucción. El poderoso faraón Ramsés II llevaba con orgullo la imagen de Sekhmet como símbolo de fuerza militar. En los relieves de la batalla de Qadesh en Karnak aparece junto a los caballos del carro de Ramsés, abrasando con sus llamas a los enemigos.
5. ¿Por qué se asociaba a Sekhmet con la peste?

En el Libro de los Muertos egipcio, Sekhmet se menciona repetidamente como una fuerza creativa y destructiva. Pero incluso en su aspecto destructivo, ella es, ante todo, la guardiana del equilibrio cósmico o Maat. A veces, eso sí, llevaba demasiado lejos ese equilibrio entre la vida y la muerte y recurría a métodos extremos. A las epidemias que asolaban el antiguo Egipto se las llamaba «los mensajeros» o «los matarifes» de Sekhmet, porque se creía que cumplían sus órdenes. Un pasaje de la Historia de Sinuhé cuenta que el miedo al rey «se extendió por tierras extranjeras como Sekhmet durante la plaga». No en vano se la conocía como «Dama de la Pestilencia» y «Dama Roja», en alusión no solo a la sangre, sino también a la tierra roja del desierto.
6. El mito de la destrucción de la humanidad

El episodio más famoso de Sekhmet se conoce como «La destrucción de la humanidad» y abre un texto más largo, «El libro de la vaca celestial», donde la vaca del título es la propia Hathor. No se conserva en papiro, sino grabado en las paredes de tumbas y capillas reales del Imperio Nuevo: la versión más antigua está en una de las capillas doradas de Tutankamón, del siglo XIV a. C. La historia cuenta que al principio de los tiempos, cuando los dioses vivían entre los hombres, surgió una rebelión para derrocar a Ra, rey de los dioses. Aunque era un dios, Ra envejecía y se debilitaba cada día hasta que el pueblo decidió que no era apto para gobernarlos. Antes de esta rebelión, Ra estaba dispuesto a renunciar a su trono y regresar a Nun, el océano primordial. Pero ahora estaba furioso con la humanidad y envió contra ella a su propio Ojo de Ra, que tomó la forma de Sekhmet. Le ordenó que abrasara a los rebeldes con el calor del sol: «El desierto se tiñó de sangre humana, y el Ojo persiguió a los traidores y los mató uno por uno. Esto no paró hasta que las arenas quedaron cubiertas de cadáveres. Luego, temporalmente saciada, Sekhmet regresó triunfante junto a su padre».
Sekhmet siguió matando durante días a cuantos encontraba a su paso, hasta que Ra consideró que el castigo ya era suficiente y resolvió perdonar al resto de la humanidad. El problema ahora era cómo impedir que Sekhmet completara su tarea. Ra ordenó a su Ojo/Sekhmet que detuviera la matanza, pero fue en vano porque «su Ojo sabía a carne humana y le gustó. Ella decidió matar de nuevo». La única forma de detenerla era darle cerveza, su bebida favorita. Ra hizo traer ocre rojo del desierto y lo trituró hasta obtener un polvo fino que mezcló con la cerveza. Luego hizo siete mil jarras de cerveza roja y las vertió en el Nilo. Cuando Sekhmet vio el líquido rojo, pensó que era sangre, así que lo bebió con avidez hasta que se emborrachó demasiado y se quedó dormida. Cuando por fin despertó, saciada, había olvidado su empeño de exterminar a los hombres. Regresó entonces junto a su padre Ra, que celebró su vuelta y la recompensó por sus servicios.
7. ¿Por qué Sekhmet era también diosa de la curación?

Todo lo anterior insiste en el lado destructivo de Sekhmet, pero, como casi todas las divinidades egipcias, era profundamente contradictoria: capaz de una crueldad inimaginable y de estar a punto de acabar con la humanidad, y a la vez benefactora. Su vínculo con la realeza es constante. En algunos escritos del Imperio Antiguo se la describe como madre de Maahes, una deidad leonina poco conocida. Maahes era el patrón y protector del faraón. Los Textos de las Pirámides, un corpus funerario de interpretación muy difícil, afirman que el propio faraón fue concebido por Sekhmet. Lo confirman varias representaciones de la diosa amamantando a faraones como Niuserra (V Dinastía), así como a reyes muy posteriores como Taharqa. En el templo de Seti I, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del Imperio Nuevo, hay relieves que representan al faraón siendo amamantado por Hathor. Justo debajo de esta imagen, una inscripción jeroglífica dice: «Hathor, señora de la mansión de Sekhmet».
Uno de los epítetos de Sekhmet era «Señora de la vida». Como era capaz de propagar enfermedades, también tenía un antídoto para ellas. Sus poderes curativos se valoraban tanto que las estatuas encargadas por Amenhotep III (c. 1390-1353 a. C.) tenían una función muy concreta: proteger al faraón en el más allá si llegaba a necesitar medicina o curación. Los médicos y curanderos egipcios buscaban también su protección, sobre todo los que atendían al rey.
¿Dónde se pueden ver hoy las estatuas de Sekhmet?
Aquel encargo de Amenhotep III explica una rareza: Sekhmet es probablemente la divinidad egipcia de la que se conservan más estatuas. Los dos grandes conjuntos proceden de Kom el-Hettan —el recinto cuya entrada custodian hoy los colosos de Memnón— y del templo de Mut en Karnak, en la orilla contraria del Nilo. Buena parte de esas figuras de granito negro, sedentes o en pie y de tamaño natural, se repartió después por los grandes museos: el Museo Egipcio de Turín, el Británico de Londres, el Louvre, el Neues Museum de Berlín, el Metropolitan de Nueva York y el Museo Egipcio de El Cairo conservan ejemplares. Las excavaciones dirigidas por Hourig Sourouzian en Kom el-Hettan siguen sacando piezas nuevas a la luz, así que la cifra no ha dejado de crecer.
