Cuáles son los 8 mejores artistas de la Antigua Roma
Los artistas de la Antigua Roma de esta lista son ocho pintores, y casi todo lo que sabemos de siete de ellos como pintores lo contó Plinio el Viejo en el libro 35 de su Historia Natural, que dedicó al futuro emperador Tito en el año 77 d. C.
De esos siete no se conserva ninguna obra segura. De casi todos sabemos qué pintaron y qué se decía de ellos, pero sus cuadros y murales desaparecieron casi siempre con los templos, pórticos y palacios que decoraban, mientras muchas de las esculturas que compartían esos espacios han llegado hasta hoy. Con la pintura romana que sí se ha conservado pasa lo contrario: los frescos de Pompeya y Herculano y los retratos de momia de Egipto son abundantes, pero casi ninguno lleva firma. Por eso el último de la lista es un artista anónimo, el llamado Pintor de Malibú.
La pintura llegó a la Antigua Roma desde Etruria y, sobre todo, desde Grecia: los romanos copiaron a menudo obras de los pintores de la antigua Grecia, y muchos de los artistas que trabajaban en Roma eran griegos, como Iaia. Estos son ocho artistas de Roma y de su imperio, del más antiguo al más reciente.
1. Cayo Fabio Píctor (hacia el 304 a. C.)
Cayo Fabio Píctor es el primer pintor romano del que se conoce el nombre. Hacia el 304 a. C. decoró el templo de Salus, la diosa de la salud y el bienestar público, en la colina del Quirinal. Lo había prometido el cónsul Cayo Junio Bubulco durante la guerra contra los samnitas, y por eso se cree, aunque Plinio no lo dice, que las pinturas mostraban escenas de aquella campaña.
Pertenecía a la gens Fabia, la familia de los Fabios, una de las más poderosas de Roma, y su afición le valió el sobrenombre de Píctor, «pintor», que heredaron sus descendientes. Su nieto, Quinto Fabio Píctor, fue el primer historiador romano, y es fácil confundir a los dos.
Que un patricio pintara no le parecía bien a todo el mundo. Valerio Máximo, en el siglo I d. C., llama a la pintura una afición indigna de un ciudadano tan noble; Plinio, en cambio, cita a Fabio como prueba de que en Roma se honró ese arte desde muy pronto. Su obra duró unos tres siglos y medio, hasta que el templo ardió en tiempos del emperador Claudio, y no queda nada de ella. Después de él, Plinio no registra a ningún otro pintor romano famoso en casi ciento cincuenta años.
2. Pacuvio (siglo II a. C.)
Marco Pacuvio, nacido en Brundisio (la actual Brindisi) en el 220 a. C., fue ante todo el gran autor de tragedias de su tiempo. Era hijo de una hermana del poeta Ennio, de quien fue también discípulo, y escribió obras inspiradas en los mitos griegos, de las que solo quedan fragmentos.
Pero también pintaba, y por eso está en esta lista. Plinio dice que su pintura del templo de Hércules en el Foro Boario, el antiguo mercado de ganado junto al Tíber, fue la siguiente obra célebre después de la de Fabio, y que la fama de Pacuvio en el teatro dio prestigio al oficio de pintor en Roma.
Se retiró a Tarento y murió allí hacia el 130 a. C., con unos noventa años. Aulo Gelio conservó el epitafio que Pacuvio escribió para sí mismo, en el que pide al joven que pasa con prisa que se detenga a leer la piedra bajo la que descansan sus huesos. Gelio lo elogió por su modestia y su sencillez.
3. Iaia de Cícico (siglo I a. C.)

Iaia era griega, de Cícico, una ciudad a orillas del mar de Mármara, y trabajó en Roma durante la juventud del erudito Marco Terencio Varrón, a comienzos del siglo I a. C. Pintaba con pincel y grababa sobre marfil con buril, y sobre todo hacía retratos de mujeres.
Plinio cita dos obras suyas: una anciana pintada en una gran tabla, en Nápoles, y un autorretrato hecho ante un espejo. Añade que nadie tuvo la mano más rápida y que sus cuadros se pagaban más caros que los de Sópolis y Dionisio, los retratistas más famosos de su época. Nunca se casó: Plinio la llama perpetua virgo.
Más de catorce siglos después, Boccaccio la incluyó entre las mujeres ilustres de su De mulieribus claris, escrito hacia 1361, aunque con el nombre de Marcia, y las ediciones ilustradas del libro la retrataron pintando con un espejo en la mano, como en la miniatura de este apartado.
4. Arelio (siglo I a. C.)
Arelio fue un pintor célebre en Roma en el siglo I a. C., poco antes de que Augusto llegara al poder. De su vida solo se conoce una anécdota, y Plinio la cuenta con malicia: vivía siempre enamorado de alguna mujer y pintaba a las diosas con la cara de sus amantes.
El resultado, dice Plinio, es que en sus cuadros de diosas romanas «se podían contar las prostitutas» que frecuentaba. Y añade que habría sido un gran pintor si no hubiera estropeado su arte con ese escándalo.
5. Espurio Tadio (época de Augusto)

Espurio Tadio, al que los manuscritos de Plinio llaman Studius o Ludius, trabajó en tiempos de Augusto y, según Plinio, fue el primero en cubrir las paredes con paisajes agradables: villas, pórticos, jardines, bosques, colinas, estanques, canales, ríos y costas, «como cada cual los deseara».
Los llenaba de gente corriente: paseantes, barqueros, campesinos que llegaban a las villas en burro o en carro, pescadores, cazadores y vendimiadores. Plinio recuerda divertido una de sus escenas, unas villas a las que se llegaba por un camino encharcado, con hombres que se tambalean cargando a hombros a las mujeres que se han comprometido a llevar. También fue el primero en pintar ciudades marítimas en las paredes de las galerías al aire libre, una decoración muy vistosa y barata.
No se le atribuye ninguna obra conservada, pero en villas de la época, en Roma y en la zona del Vesubio, se han encontrado paisajes de puertos y villas junto al mar muy parecidos a los que describe Plinio, como el fresco de este apartado.
6. Quinto Pedio (época de Augusto)
Quinto Pedio se cita a menudo como la primera persona sorda de la historia de la que se conoce el nombre, aunque Plinio, la única fuente, solo dice que era mudo de nacimiento. Plinio cuenta su historia como ejemplo de un consejo célebre que dieron a su familia hombres de primera fila.
Era de familia muy influyente. Su abuelo, el cónsul Quinto Pedio, había sido nombrado por Julio César coheredero junto con Augusto, y su abuela pertenecía a la familia del orador Marco Valerio Mesala Corvino. Fue Mesala quien propuso que, ya que el niño no podía hablar, le enseñaran a pintar, y Augusto lo aprobó. El muchacho hizo grandes progresos, pero murió joven.
7. Famulo (época de Nerón)
Famulo, al que otras fuentes llaman Fabulo o Amulio, fue el pintor de la Domus Aurea, el inmenso palacio que Nerón mandó levantar en Roma después del incendio del año 64. Plinio lo describe como un artista serio y severo, de estilo vivo y colorido, y cuenta que pintaba solo unas pocas horas al día y siempre vestido con la toga, incluso subido a los andamios. De su obra destaca una Minerva que parecía mirar al espectador desde cualquier ángulo.
Plinio añade una frase célebre: la Domus Aurea fue «la cárcel de su arte», porque casi todo lo que pintó quedó encerrado allí y apenas había obras suyas fuera. Esa misma cárcel es la razón de que hoy se conozca su estilo. Tras la muerte de Nerón, el edificio quedó sepultado bajo nuevas construcciones, y a finales del siglo XV un joven cayó por una grieta de la colina del Esquilino y se encontró en unas salas subterráneas llenas de pinturas. Rafael y Miguel Ángel bajaron colgados de cuerdas para estudiarlas, y como aquellas salas parecían cuevas, su decoración se llamó «grutesca». Ninguna de esas pinturas se le puede atribuir con total seguridad, pero se le considera el principal pintor de la Domus Aurea.
8. Pintor de Malibú (75-100 d. C.)

El Pintor de Malibú es el único de la lista sin nombre. Se le llama así por un retrato de mujer del Museo J. Paul Getty de Malibú (California), y trabajó en el Egipto romano entre el 75 y el 100 d. C., sobre todo en Arsínoe, la capital de la región de El Fayum.
Pintaba retratos de momia: tablas de madera con la cara del difunto que se colocaban sobre el rostro de la momia y se sujetaban con las vendas. Las hacía a la encáustica, con pigmentos mezclados con cera caliente, una técnica que ha mantenido los colores durante casi dos mil años.
Los especialistas le atribuyen tres retratos por su manera de tratar las luces y las sombras y de dibujar la boca y la nariz; dos de ellos aparecieron en Hawara, un cementerio a pocos kilómetros de Arsínoe. En esas tablas se juntan tres tradiciones: la costumbre funeraria egipcia, la técnica pictórica griega y la moda del retrato romano.
¿Dónde se puede ver hoy pintura de la Antigua Roma?
La erupción del Vesubio del año 79 d. C. enterró Pompeya, Herculano y las villas de Estabia, y con ellas conservó las paredes pintadas de cientos de casas y villas. Muchos de esos frescos se arrancaron durante las excavaciones del siglo XVIII y hoy forman en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles una de las mayores colecciones de pintura romana; otros siguen en su sitio, como los de la Villa de los Misterios de Pompeya.
En Roma, el Palazzo Massimo, una de las sedes del Museo Nacional Romano, expone el jardín pintado de la villa de Livia, la esposa de Augusto, y la Domus Aurea se puede recorrer en visitas guiadas. Los retratos de momia de El Fayum están repartidos por museos de medio mundo, del Museo Egipcio de El Cairo al Británico de Londres, el Louvre o el propio Getty.
