11 datos principales sobre Cleopatra, la última reina del Antiguo Egipto

Montaje con tres retratos de Cleopatra: un busto de mármol de perfil, su efigie en una moneda de oro y una estatua egipcia.

Cleopatra VII fue la última soberana del Egipto ptolemaico: reinó entre el 51 y el 30 a. C., no era egipcia sino griega de origen macedonio, y con su muerte Egipto dejó de ser un reino independiente para convertirse en provincia romana. Estos son 11 datos que explican por qué sigue siendo la gobernante más conocida del antiguo Egipto.

Buena parte de lo que creemos saber sobre ella procede de la propaganda de sus enemigos: fue Octavio quien la retrató como una seductora extranjera capaz de hechizar a dos generales romanos, y esa imagen es la que acabó llegando al teatro y al cine. Las fuentes que no dependen de esa versión describen a otra persona: una gobernante que negociaba tratados, dirigía una flota y era la única de su dinastía capaz de hablar con sus súbditos sin intérprete.

Cleopatra era reina de Egipto, pero no egipcia

Busto de piedra oscura de un faraón de la dinastía ptolemaica tocado con el nemes rayado.

Cleopatra VII, nacida entre el 70 y el 69 a. C., era hija de Ptolomeo XII y Cleopatra V Trifena. Los padres de Cleopatra, considerados hermanos, eran descendientes de Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno y fundador de la línea ptolemaica. Su linaje era por tanto macedonio: la dinastía se fundó en Egipto en el 305 a. C., pero sus reyes siguieron siendo griegos durante los tres siglos que duró. Su nombre significa en griego antiguo «gloria del padre», y su título completo, Cleopatra Thea Filopátor, «la diosa que ama a su padre».

Se casó con sus dos hermanos menores

Anverso y reverso de una moneda de oro ptolemaica con un perfil real y un águila.

A los 18 años, Cleopatra se casó con su hermano de 10 años y cogobernante Ptolomeo XIII, quien sucedió a su padre como faraón. Poco después, los hombres fuertes de la corte —el eunuco Potino y el general Aquilas— apostaron por un reinado de Ptolomeo XIII en solitario y expulsaron a Cleopatra, que huyó a Siria llevándose consigo a su hermana menor Arsínoe IV. Posteriormente formó un ejército y regresó a Alejandría, donde libró una guerra civil con su hermano por el poder. Por entonces, Julio César llegó a Alejandría invitado por Ptolomeo XIII, pero fue Cleopatra quien se ganó su apoyo y su ejército combinado romano-egipcio derrocó a Ptolomeo XIII. Tras la derrota y posterior muerte de Ptolomeo XIII, Cleopatra se casó con su hermano menor Ptolomeo XIV. Ella tenía 22 años y él 12.

Era inteligente, culta y muy ambiciosa

Estatua de basalto negro de una reina ptolemaica sosteniendo un vaso ritual, expuesta en un museo.

Plutarco elogió su inteligencia y su facilidad para la conversación, y las fuentes le atribuyen formación en matemáticas, astronomía y filosofía. La ambición no le iba a la zaga: reclamó el trono frente a dos hermanos, buscó el respaldo de los dos hombres más poderosos de Roma y acabó pidiendo a Marco Antonio la ejecución de su hermana Arsínoe, la última rival que le quedaba. Su lengua materna era el griego koiné, pero las fuentes antiguas le atribuyen el dominio de hasta nueve lenguas, entre ellas el arameo, el hebreo y el medopersa. Plutarco cuenta que fue la primera de la dinastía ptolemaica en aprender egipcio: tres siglos después de instalarse en el país, su familia seguía gobernándolo en griego. Eso le permitía negociar con el clero egipcio en su propia lengua, algo que ninguno de sus antepasados había podido hacer.

¿Qué tuvo que ver Cleopatra con el año bisiesto?

Reconstrucción del gran salón columnado del Museo de Alejandría con una estatua sedente al fondo.

Durante su estancia en Alejandría, César quedó impresionado por la precisión con que los egipcios medían el tiempo. De allí salió Sosígenes, el astrónomo del Museo de Alejandría que le propuso un calendario regido por el ciclo solar y no por el lunar. Este calendario agregaba un día adicional cada cuatro años para mantener la coherencia, lo que hoy llamamos «año bisiesto». César decretó la reforma en el 46 a. C. y el calendario entró en vigor el 1 de enero del 45 a. C. Para cuadrarlo con el sol hubo que alargar el 46 a. C. hasta los 445 días, el año más largo de la historia de Roma. De ahí vienen dos meses que seguimos usando: julio, por Julio César, y agosto, por su sucesor Augusto.

¿Por qué se identificaba con la diosa Isis?

Estela egipcia con inscripción en griego en la que aparece el nombre de la reina Cleopatra.

Los gobernantes griegos y romanos se apoyaban en los dioses para legitimar su poder, y Cleopatra eligió a Isis, hermana y esposa de Osiris y madre de Horus, que presidía la maternidad, el más allá y los ciclos de la vida. La elección no era caprichosa: Isis era la diosa más popular de Egipto y su culto se había extendido ya por todo el Mediterráneo, así que identificarse con ella la hacía reconocible dentro y fuera del país. Se presentaba en las ceremonias vestida como Isis, adoptó el título de Nea Isis —«la nueva Isis»— y recurrió a las profecías del templo cuando necesitó justificar una decisión impopular.

¿Cómo era Cleopatra en realidad? Solo se conservan dos bustos

Busto de mármol de Cleopatra VII con diadema real y el peinado de melón característico de sus retratos.

La fama de belleza arrebatadora choca con lo poco que ha llegado hasta nosotros: de toda su iconografía se conservan apenas dos bustos, y solo uno está completo. La fuente más fiable de su rostro son las monedas que ella misma mandó acuñar, y ahí aparece con nariz prominente, mentón marcado y labios finos, un perfil bastante alejado del retrato del cine. Los dos bustos coinciden con esas monedas. Muchos historiadores creen que esos rasgos duros son deliberados: una reina que gobernaba sola necesitaba proyectar la misma autoridad que cualquier rey, y la moneda era el único retrato suyo que veían todos sus súbditos.

Su relación con Julio César y Marco Antonio

Busto romano de Julio César vestido con la coraza y el manto de general.

Después de que Cleopatra convenciera a César, en el 48 a. C., para apoyarla frente a su hermano, ambos iniciaron una relación tan intensa como interesada. A los dos les convenía: ella recuperaba el trono con las legiones romanas detrás y él aseguraba el grano egipcio que alimentaba a Roma. De esa relación nació un hijo, Ptolomeo XV César, conocido como Cesarión, al que Cleopatra presentó siempre como heredero legítimo del dictador.

Tras el asesinato de César en el 44 a. C., Roma se hundió en la lucha por su herencia política. Uno de los aspirantes era el general Marco Antonio, que en el 41 a. C. citó a Cleopatra en Tarso para pedirle apoyo. Se hicieron amantes y aliados en cuestión de semanas. Su tren de vida en Alejandría —banquetes desmedidos, apuestas y regalos entre ellos— dio a Octavio material de sobra para retratarlos en Roma como una pareja corrompida por el lujo oriental. Se casaron y tuvieron tres hijos, y todo terminó en el 31 a. C. en la batalla de Accio: derrotados en el mar, ambos se quitaron la vida al año siguiente.

Cleopatra en la obra de Shakespeare

Retrato artístico de Cleopatra VII con un elaborado tocado egipcio de plumas y cuentas.

Shakespeare estrenó Antonio y Cleopatra en el Globe en 1607, y siguió la relación desde el primer encuentro en Tarso hasta la mordedura de la serpiente. Esa versión es la que fijó la imagen popular de la reina y la que heredaron el resto de adaptaciones, incluida la película de 1963 con Elizabeth Taylor. La crítica suele señalar a su Cleopatra como uno de los primeros personajes femeninos verdaderamente contradictorios del teatro moderno: manipuladora y enamorada, reina y amante, sin que la obra resuelva nunca cuál de las dos pesa más.

Su plan de huir a la India se frustró tras la batalla de Accio

Tras la derrota de ambos en la batalla de Accio, Cleopatra huyó de la escena utilizando una ruta marítima que solo conocían los miembros de la dinastía ptolemaica. Según cuenta Estrabón —que ya dudaba de la historia—, la ruta se conoció cuando unos egipcios rescataron en el mar Rojo a un marino indio náufrago, que ante Ptolomeo VIII se ofreció a guiarlos hasta su país a cambio de un pasaje seguro.

Sin embargo, la ruta no estaba bien mantenida y fue invadida por bandoleros, por lo que cambiaron de rumbo hacia lo que hoy se conoce como Canal de Suez. Pero los nabateos que ocupaban la zona se aliaron con Octavio —el futuro Augusto— y bloquearon el paso, así que Cleopatra tuvo que volver a Egipto y atrincherarse allí.

¿Cómo murió Cleopatra? La causa sigue sin estar clara

Relieve de una cámara funeraria egipcia con Anubis atendiendo a un difunto tendido en su lecho.

Aunque se cree ampliamente que Cleopatra se suicidó, los historiadores difieren en los detalles. Algunas fuentes dicen que Cleopatra murió después de permitir que el áspid, o cobra egipcia, la mordiera. Otros apuntan a un veneno que llevaba escondido en un alfiler hueco entre el pelo, la versión que recoge el propio Plutarco. Dion Casio anotó que las únicas marcas halladas en el cuerpo eran dos pinchazos diminutos, compatibles tanto con una mordedura como con un alfiler. Su propio médico, Olimpo, no llegó a señalar una causa, y Plutarco acabó admitiendo que nadie sabía en realidad cómo había muerto.

¿Dónde está la tumba de Cleopatra?

Vista aérea de las ruinas del templo de Taposiris Magna junto al Mediterráneo, uno de los lugares donde se ha buscado la tumba de Cleopatra.

Las fuentes antiguas dan por hecho que Octavio permitió enterrarlos juntos, pero ninguna dice dónde. El mausoleo que Cleopatra se había mandado construir estaba en Alejandría, y ese barrio real lleva siglos bajo el agua tras una serie de terremotos, así que la búsqueda se ha desplazado tierra adentro. Desde 2005 las excavaciones se concentran en Taposiris Magna, un templo de Osiris a 45 kilómetros de la ciudad donde han aparecido monedas con el rostro de la reina y varias galerías funerarias, pero ninguna con sus restos. Dos mil años después, sigue siendo la tumba más buscada de Egipto.