Disonancia cognitiva y su manifestación en la vida
La disonancia cognitiva es el malestar mental que sentimos cuando dos ideas, creencias o valores que sostenemos entran en contradicción entre sí. Las personas tienden por naturaleza a vivir en armonía consigo mismas, con su cosmovisión, sus creencias, principios y filosofía; esto es lo que nos permite sentirnos plenos y satisfechos. Pero a menudo, en la vida cotidiana, aparece este fenómeno: algunas ideas, reacciones y valores contradictorios chocan entre sí en nuestra mente.
A pesar de que este fenómeno aparece periódicamente en la vida de cada uno, pocas personas se preguntan qué es realmente. Mucha gente suele usar esta expresión con un significado completamente distinto, sin ahondar en su esencia y su verdadera definición.
Entonces, ¿qué es la disonancia cognitiva y cómo se manifiesta en nuestras vidas?
Origen del concepto de disonancia cognitiva
La expresión «disonancia cognitiva» proviene de dos palabras latinas: «cognitio», que significa «cognición», y «dissonantia», que significa «falta de armonía». Se trata de una condición especial en la que una persona siente un malestar mental causado por el choque de elementos contradictorios en su mente: las creencias, ideas y reacciones de cada uno respecto a un mismo fenómeno u objeto. Dicho en palabras simples, es el sentimiento desagradable causado por una contradicción entre la realidad y las ideas que tenemos sobre ella.
La teoría de la disonancia cognitiva fue propuesta por primera vez por el psicólogo estadounidense Leon Festinger en 1957. Basándose en otras dos teorías, la teoría de campo de Kurt Lewin y la teoría del equilibrio estructural de Fritz Heider, Festinger desarrolló un concepto psicológico que explica situaciones de conflicto en la esfera cognitiva del individuo causadas por eventos, fenómenos o acciones de otras personas.
El motivo de la creación del concepto fue la difusión de rumores sobre un terremoto en la India en 1934. Los residentes de las regiones que no habían sido afectadas por el seísmo empezaron a extender el rumor de un peligro inminente de nuevos temblores aún más fuertes. Festinger se sorprendió por predicciones tan infundadas y pesimistas, y a partir de los resultados del estudio se descubrió que, en realidad, los habitantes de estas regiones justificaban de esta manera su ansiedad y su miedo.
Algunos psicólogos han matizado la teoría original de Festinger. Elliot Aronson, por ejemplo, revisó el concepto en la década de 1960 y planteó que la disonancia cognitiva surge, sobre todo, cuando lo que hacemos contradice la imagen que tenemos de nosotros mismos, y no simplemente cuando chocan dos ideas cualesquiera sobre el mundo exterior. Es decir: el conflicto sería menos sobre el mundo y más sobre uno mismo.
Volviendo al modelo original, cabe mencionar dos hipótesis planteadas por Festinger:
- En un estado de disonancia cognitiva, una persona invariablemente se esforzará por eliminar las inconsistencias que la causaron. Esto está influenciado, sobre todo, por el malestar psicológico que acompaña a la disonancia.
- Para neutralizar ese malestar, la persona se esforzará en evitar las situaciones que puedan agravarlo.
Ahora prestemos atención a por qué aparece este fenómeno y cómo se manifiesta.
Causas y ejemplos de disonancia cognitiva
La disonancia cognitiva puede aparecer por diversas circunstancias:
- Cualquier situación del presente no se corresponde con la experiencia del pasado. Por ejemplo, si ves un grupo de bomberos formado íntegramente por mujeres, probablemente te sorprenderás, porque nuestra idea habitual dice que los bomberos son, en su mayoría, hombres.
- La opinión de una persona va en contra de la de otras. Si crees que mantener dinero en un banco no es seguro ni rentable, y que pedirlo a crédito es una completa esclavitud, y en principio nunca usas los servicios de un banco, sinceramente no entenderás por qué otras personas compran productos bancarios.
- Tradiciones y costumbres de otros pueblos desconocidas para nosotros. Por ejemplo, en China el color del luto es el blanco, y si te encuentras por casualidad en una ceremonia fúnebre allí, te sorprenderá ver que todo a tu alrededor es blanco.
- Incoherencia lógica de algún hecho. Una persona que viaja por primera vez a San Petersburgo en verano y no conoce las noches blancas puede desconcertarse la primera noche, porque todos estamos acostumbrados a que el día termine y empiece la noche a una hora razonable.
Otro ejemplo: estás parado en la calle y ves a dos personas, un hombre con traje y aspecto respetable y un vagabundo. Tienes tu propia idea sobre cada uno de ellos: el hombre respetable te parece un caballero inteligente y educado, y el vagabundo, más bien todo lo contrario. Pero entonces suena el teléfono del hombre con traje, este contesta la llamada y empieza a hablar en voz alta, usando mucho lenguaje obsceno, escupiendo en la acera y sin prestar atención a quienes lo rodean. Al mismo tiempo, el vagabundo se acerca y, en un tono propio de una persona verdaderamente educada, te pregunta la hora y cómo llegar a una dirección. Como mínimo, esta situación te sorprenderá y te desconcertará: dos ideas y creencias opuestas acaban de chocar en tu mente. Este es otro ejemplo de disonancia cognitiva.
¿Cómo contrarrestar la disonancia cognitiva?
A menudo se subestima el impacto de la disonancia cognitiva, cuando en realidad puede ser muy intenso. Como ya se ha explicado, esta condición surge cuando el conocimiento de una persona deja de ser coherente. Por eso, para tomar una decisión, a veces hay que dejar de lado lo que se sabe y hacer algo distinto, lo que a su vez crea una discrepancia entre lo que se piensa y lo que se hace. El resultado de esto es un cambio de actitud, que resulta simplemente necesario e inevitable para que el conocimiento de una persona vuelva a ser coherente. Así, la primera forma de afrontar la disonancia cognitiva es cambiar tu forma de pensar, cambiar tus actitudes.
Un ejemplo: si eres hombre y decides elegir la profesión de estilista, pero en el fondo piensas que esta profesión es “poco masculina”, tendrás que cambiar tus actitudes y admitir que un hombre con una orientación tradicional también puede dedicarse a este tipo de trabajo.
La disonancia cognitiva, según la situación, tiende a fortalecerse o debilitarse. Su intensidad depende directamente de la importancia de la decisión a la que se enfrenta la persona. Además, cualquier caso de disonancia motiva a eliminarla, y esto es lo que lleva a mucha gente a justificar algunas de sus acciones, pensamientos y errores, cambiando sus creencias para acomodarlas, porque así se neutraliza el conflicto interno. Las excusas son, en consecuencia, el segundo método habitual para superar la disonancia cognitiva.
Otro ejemplo: una persona se esfuerza por conseguir un físico atlético. Es algo agradable, le hace sentir bien y fortalece su salud. Para lograr el objetivo debe empezar a hacer ejercicio, ir al gimnasio, entrenar con regularidad, comer bien, seguir una rutina, etc. Sin embargo, todo esto exige esfuerzo físico, fuerza de voluntad, disciplina y muchas ganas, y no todo el mundo es capaz de cumplir estas condiciones. Por eso es fácil encontrar muchas razones por las que alguien no lo hace: que si no tiene tiempo ni dinero, que si su salud no es tan buena, que si su físico ya es, total, normal — el mismo tipo de excusas que explican por qué tantas personas no ven resultados en el gimnasio. Por tanto, cualquier acción de una persona tendrá como objetivo reducir la disonancia, deshacerse de las contradicciones dentro de sí misma.
Pero también se puede evitar que aparezca la disonancia cognitiva. En la mayoría de los casos, esto se consigue simplemente ignorando cualquier información sobre el problema que pueda contradecir lo que ya se cree.
Imagínate: ante cualquier situación difícil, simplemente empiezas a negarla y no quieres ver la realidad. Por ejemplo, tienes un examen importante por delante, pero no quieres prepararte en absoluto. En ese caso, resulta muy cómodo pensar que “de alguna manera se pasará solo”, o “alguien me ayudará”, o “ya lo superé antes y ahora lo superaré también”… Al final, necesitas encontrar información que “justifique” los pensamientos o comportamientos existentes y evitar todo lo contrario. Pero muchas veces esta estrategia conduce al miedo a la disonancia, a los prejuicios, a los trastornos de la personalidad e incluso a las neurosis.
¿Significa esto que hay que temer la disonancia cognitiva?
¿Hay que temer la disonancia cognitiva?
Para no vivir la disonancia cognitiva de forma dolorosa, basta con aceptar el hecho de que este fenómeno ocurre. Es importante comprender que la discrepancia entre algunos elementos del sistema de creencias de una persona y el estado real de las cosas siempre se reflejará en la vida. De hecho, es mucho más fácil aceptar los hechos tal como son y tratar de adaptarse a las circunstancias, sin gastar energía en pensar que quizá algo se hizo mal o que alguna decisión se tomó de forma incorrecta. Si algo ya ha sucedido, que así sea.
En uno de los libros del escritor Carlos Castañeda, en el que describe su entrenamiento con un chamán indígena, su maestro le habla de una forma muy eficaz de vivir: ser un guerrero. No merece la pena entrar en detalles sobre la filosofía de este camino, pero basta decir que una de sus características principales es que una persona puede dudar y pensar hasta el momento de tomar una decisión. Pero, una vez hecha su elección, debe dejar a un lado todas sus dudas, hacer lo necesario y aceptar con calma el resultado, sea cual sea.
En cuanto a la cosmovisión en su conjunto, el estado de disonancia cognitiva surge con más frecuencia solo porque estamos firmemente convencidos de que algo debería ser exactamente así y no de otra manera. Mucha gente cree que su opinión es la única correcta, que solo lo que ellos piensan es lo correcto, que todo debe ser como ellos quieren. Esta postura es la menos eficaz para llevar una vida armoniosa y feliz.
Por último, acepta que las cosas pueden ser completamente distintas de tus pensamientos, puntos de vista y creencias. El mundo está lleno no solo de personas y hechos diferentes, sino también de todo tipo de misterios y fenómenos poco habituales. Nuestra tarea es aprender a mirarlo desde ángulos distintos, teniendo en cuenta todas las posibilidades, y no ser “cerrados de mente”, tercos y obsesionados con nuestros propios conocimientos. La disonancia cognitiva es una condición inherente, en diverso grado, a cada persona. Es importante conocerla para poder identificarla y gestionarla. Pero es igual de importante darla por sentado.
