El culto al valor en la antigua Grecia
El culto al valor en la antigua Grecia era el conjunto de creencias, prácticas y normas sociales que elevaban el coraje a la más alta de las virtudes ciudadanas. El valor en la antigua Grecia se valoraba por encima de todas las demás virtudes que, se creía, debían acompañar a todo ciudadano honesto. Este rasgo de carácter es importante en otras culturas, pero fueron los antiguos griegos quienes lo convirtieron en el núcleo central sobre el que se cimentaban todos los demás componentes de la cultura. ¿Por qué?
Si echamos un vistazo a la historia de la civilización griega, podemos comprobar que en el territorio de este país durante miles de años hubo ciudades-polis separadas. La mayoría de las otras civilizaciones antiguas fueron por el otro lado, creando estados enteros que consisten en ciudades y regiones unidas. Pero en la antigua Grecia, la gente vivía separada, y cada ciudad era un país independiente, rodeado de altos muros y protegido únicamente por el valor de los habitantes.
Por eso los antiguos griegos valoraban tanto el valor y el coraje. Todo ciudadano estaba obligado a defender su ciudad a toda costa, porque de la ciudad dependía la supervivencia de todo el estado. La cobardía era considerada por ellos como el vicio más grave, y el que caía en ella se convertía en un paria. En la práctica, esto significaba que el infractor podía ser expulsado de la ciudad, aunque más a menudo ocurría que se marchaba a sí mismo, incapaz de soportar el peso de la censura pública.

En algunos casos, el culto al valor se llevó al extremo, como, por ejemplo, en Esparta. Por supuesto, la película de Hollywood “300 Spartans” no tiene nada que ver con la realidad, pero la propia Batalla de las Termópilas, en la que un pequeño grupo de soldados de infantería espartanos, apoyados por guerreros de otras ciudades, retrasaron el avance de un enorme ejército persa, es un hecho histórico.
Esta valoración del coraje no era idéntica en todas las polis. Mientras que Esparta llevó el culto al valor a su extremo más radical —los niños débiles eran abandonados y los jóvenes pasaban años de entrenamiento militar durísimo—, Atenas conjugaba el valor físico con el ideal del ciudadano culto. Para los atenienses, el hombre valioso debía ser a la vez buen guerrero, buen orador y buen ciudadano. Fue esta síntesis la que dio lugar a figuras como el general Milcíades, héroe de la batalla de Maratón, o el propio Pericles, que combinó el liderazgo político con el mando militar.
Los antiguos griegos valoraban tanto el valor porque sin él, la supervivencia dentro de su civilización griega era imposible. Los cobardes debilitaron la ciudad, los valientes la defendieron. Era casi imposible sobrevivir solo fuera de las ciudades-estado, por lo que la cobardía se consideraba el peor defecto posible. La popularización del culto al valor puso esta cualidad en un pedestal, y quizás por eso la cultura helénica alcanzó tales alturas.
