Cuáles son los 10 personajes más famosos de la antigua Roma

Ilustración de legionarios romanos con escudos y fuego al fondo.

Esta lista de personajes famosos de Roma incluye políticos, militares, emperadores y un gladiador; sus trayectorias se extienden desde la República media hasta el siglo IV d. C. Esta selección reúne diez figuras muy conocidas, no una clasificación objetiva de las más importantes.

La Roma de estos protagonistas fue primero una República y después un Imperio. Por eso Cicerón, Julio César, Cayo Mario, Tiberio Graco y Espartaco pertenecen a etapas republicanas, mientras que Nerón, Cómodo, Trajano, Constantino y Augusto se relacionan con el poder imperial. Para situar ese recorrido, puede consultarse esta guía sobre la historia de la Antigua Roma.

¿Qué tienen en común estas figuras romanas?

Su fama procede de legados muy distintos: reformas políticas, conquistas, obras, discursos, guerras civiles o relatos transmitidos durante siglos. En cada caso conviene separar los hechos documentados de las leyendas posteriores.

10. Nerón: el incendio de Roma y sus leyendas

Busto de mármol de Nerón con cabello rizado y barba corta.

Nerón fue emperador entre 54 y 68 d. C. y llegó al poder siendo muy joven, tras la muerte de Claudio. Su imagen ha quedado marcada por relatos de autores senatoriales hostiles, por lo que los calificativos rotundos sobre su carácter deben manejarse con cautela.

El gran incendio de Roma de 64 d. C. dañó gravemente diez de las catorce regiones administrativas de la ciudad. No hay pruebas de que Nerón lo ordenara ni de que cantase mientras Roma ardía: las versiones antiguas discrepan. Tácito sitúa a Nerón en Antium al conocer el desastre y relata su regreso a Roma. Después hubo medidas de socorro y reconstrucción, y más tarde se levantó la Domus Aurea en parte de la zona afectada.

9. Cómodo: el emperador asociado a Hércules

Busto de mármol de Cómodo joven, emperador romano.

Cómodo sucedió a su padre, Marco Aurelio, en 180 d. C. La película Gladiator, en la que lo interpretó Joaquin Phoenix, ha popularizado su figura, aunque su trama no debe confundirse con una fuente histórica.

Durante su reinado promovió una identificación oficial con Hércules, visible en monedas y retratos, y participó en espectáculos de arena según las fuentes conservadas. Su gobierno terminó en 192 d. C. con una conspiración de la corte; el episodio ayuda a entender la dimensión política del culto al emperador en Roma.

8. Trajano: Dacia, obras públicas y alimenta

Busto de mármol de Trajano con flequillo recto y manto sobre el hombro.

Trajano nació en Itálica, en la provincia romana de la Bética, y fue emperador entre 98 y 117 d. C. Su carrera militar se desarrolló bajo Vespasiano; su padre no fue emperador, aunque ambos sirvieron en Siria.

Su reinado incorporó Dacia al Imperio en 106 y promovió obras públicas como el puerto de Centumcellae. También amplió el sistema de alimenta, destinado a sostener a huérfanos y menores de Italia. Estos hechos explican su importancia sin convertir en certezas sus supuestas intenciones personales.

7. Tiberio Graco: la reforma agraria republicana

Busto romano de un hombre joven, con cabello rizado y mirada frontal.

Tiberio Sempronio Graco pertenecía a la influyente familia Sempronia y fue tribuno de la plebe en 133 a. C. Su propuesta agraria trataba de limitar la ocupación de tierras públicas y redistribuir parte de ellas entre ciudadanos, un conflicto central de la República tardía.

Antes había intervenido como cuestor en el acuerdo de Numancia de 137 a. C., episodio posterior a la Tercera Guerra Púnica y no parte de ella. Su final llegó en la violencia política de 133 a. C., encabezada por partidarios de Escipión Nasica.

6. Constantino I: Constantinopla y el cristianismo

Cabeza colosal de bronce de Constantino I con ojos grandes y flequillo.

Constantino I fue proclamado emperador en 306. Tras vencer a Majencio en el puente Milvio en 312 y a Licinio en 324, quedó como único gobernante del Imperio romano, aunque los gobiernos compartidos volverían a existir.

Entre 324 y 330 refundó y amplió Bizancio como Constantinopla, una Nueva Roma de enorme importancia para el Imperio oriental; no trasladó físicamente la ciudad de Roma. Favoreció el cristianismo y, tras las disposiciones de Milán de 313, impulsó la libertad de culto. El cristianismo niceno no fue religión oficial hasta el edicto de Teodosio I en 380.

5. Cayo Mario: consulados y campañas militares

Busto de mármol de un general romano de rostro envejecido.

Cayo Mario fue un general y político de la República que alcanzó el consulado siete veces: en 107, entre 104 y 100, y en 86 a. C. Solo los cinco consulados de 104 a 100 fueron consecutivos.

Se le asocia con el reclutamiento de voluntarios sin requisito patrimonial en 107 a. C., aunque la idea de unas reformas militares completas y exclusivamente «marianas» sigue siendo debatida. Venció a teutones y ambrones en Aquae Sextiae (102 a. C.) y a los cimbros en Vercellae o Campi Raudii (101 a. C.), junto con Quinto Lutacio Cátulo en la segunda campaña.

4. Marco Tulio Cicerón: oratoria y política

Busto de mármol de Marco Tulio Cicerón con la cabeza descubierta.

Marco Tulio Cicerón fue cónsul en 63 a. C., abogado, orador y escritor. Sus discursos y tratados de retórica y filosofía convirtieron su prosa en un modelo de latín clásico durante siglos.

Su obra conserva textos como De oratore, Brutus y Orator, además de reflexiones políticas en De re publica y De legibus. Su importancia no depende de una cita aislada, sino de cómo articuló debates sobre el gobierno republicano, la ley y la elocuencia.

3. Julio César: la República en guerra civil

Busto de Julio César sobre fondo oscuro con su nombre en inglés.

Julio César fue un general, político y dictador de la República romana, no un emperador. Sus campañas en la Galia, entre 58 y 50 a. C., ampliaron el dominio romano y quedaron relatadas en unos Comentarios que también son propaganda de su propio autor.

Cruzó el Rubicón en 49 a. C., desencadenó una guerra civil y fue nombrado dictador en distintas ocasiones; en 44 a. C. era dictator perpetuo. Fue asesinado por un grupo de senadores el 15 de marzo de ese año. Una de sus frases más conocidas, «Veni, vidi, vici», se asocia a la victoria de Zela en 47 a. C.

2. Espartaco: la rebelión de los gladiadores

Estatua de Espartaco encadenado con el Coliseo al fondo.

Espartaco fue un tracio que terminó como gladiador en Capua; las fuentes conservadas aportan pocos datos seguros sobre su vida anterior. En 73 a. C. huyó de una escuela de gladiadores con alrededor de setenta compañeros y la revuelta se extendió por Italia.

La guerra de los gladiadores duró hasta 71 a. C. y reunió una fuerza cuyo tamaño se estima entre 70.000 y 120.000 personas, según las reconstrucciones. Marco Licinio Craso derrotó al ejército rebelde y las fuentes consideran que Espartaco murió en combate, aunque no se identificó su cuerpo. La vida cotidiana de esos combatientes se aborda también en este artículo sobre qué comían los gladiadores.

1. Augusto: el inicio del Principado

Busto de mármol de Augusto con el cabello peinado hacia la frente.

Augusto, llamado Octavio antes de recibir ese título, fue el primer emperador romano según la periodización convencional. En 27 a. C. el Senado le concedió el honorífico Augustus y comenzó el Principado, que conservaba instituciones republicanas mientras concentraba poderes decisivos en una sola persona.

Tras la muerte de Julio César, Octavio formó el Segundo Triunvirato con Marco Antonio y Lépido. Más tarde venció a las fuerzas de Antonio y Cleopatra en la batalla naval de Accio, en 31 a. C., un paso decisivo para su predominio.

Su gobierno impulsó una amplia actividad constructiva, visible en obras como el Foro de Augusto y el Ara Pacis. La continuidad del Imperio romano de Oriente hasta 1453 no significa que el sistema creado por Augusto permaneciera intacto: sus instituciones cambiaron profundamente a lo largo de los siglos.