El desembarco romano en Britania en el año 43 d. C.: la invasión que consolidó el poder del emperador Claudio
Una conquista largamente deseada por Roma
En el año 43 d. C., el Imperio romano emprendió una de las campañas más ambiciosas de su historia: la invasión de la isla de Britania. Aunque Roma ya había tenido contactos militares con ese territorio durante las expediciones de Julio César en el siglo I a. C., nunca había intentado una conquista sistemática y permanente.
Sería el emperador Claudio quien, apenas dos años después de acceder al trono, ordenaría una operación militar a gran escala que terminaría por incorporar gran parte de la isla al Imperio. Aquella expedición no solo tuvo consecuencias territoriales, sino también políticas, ya que reforzó la posición de un emperador cuya legitimidad había sido cuestionada desde el primer momento.
El precedente de Julio César
El primer contacto militar importante entre Roma y Britania tuvo lugar en los años 55 y 54 a. C., cuando Cayo Julio César realizó dos expediciones a la isla durante sus campañas en la Galia.
Estas operaciones no tenían como objetivo una conquista definitiva, sino:
- Demostrar el poder romano.
- Castigar a tribus britanas que habían ayudado a los galos.
- Obtener prestigio político en Roma.
César logró desembarcar y derrotar a varias tribus, pero no estableció una ocupación permanente. Tras recibir tributos y promesas de sumisión, regresó al continente. Durante casi un siglo, Roma mantuvo relaciones comerciales y diplomáticas con Britania, pero sin una presencia militar estable.
Claudio y la necesidad de una victoria militar
Cuando el emperador Claudio accedió al poder en el año 41 d. C., su posición era frágil. Había sido proclamado por la Guardia Pretoriana tras el asesinato de Calígula, sin un consenso claro del Senado.
Muchos aristócratas lo consideraban un gobernante débil o poco apto para el cargo. En los primeros años de su reinado se produjeron conspiraciones y rebeliones, como la de Escriboniano en el año 42 d. C.
En ese contexto, una campaña militar exitosa podía:
- Aumentar su prestigio.
- Ganar el apoyo del ejército.
- Reforzar su legitimidad como emperador.
La conquista de Britania ofrecía una oportunidad ideal. Era una empresa ambiciosa, con un gran valor propagandístico, y además existían conflictos internos entre las tribus britanas que Roma podía aprovechar.
Preparativos para la invasión
El mando de la expedición fue confiado a un general experimentado: Aulo Plaucio, senador y militar con trayectoria sólida.
La fuerza de invasión estaba compuesta por cuatro legiones principales:
- Legio II Augusta
- Legio IX Hispana
- Legio XIV Gemina
- Legio XX Valeria Victrix
A estas unidades se sumaban tropas auxiliares de caballería e infantería ligera procedentes de distintas regiones del Imperio, como Hispania, Tracia y Germania.
En total, el ejército romano pudo reunir entre 35.000 y 45.000 hombres, incluyendo auxiliares, además de animales de carga, ingenieros y personal logístico.
El embarque se preparó en la costa de la Galia, probablemente en la región de Boulogne.
El temor al océano y el motín de las tropas
Las fuentes antiguas, especialmente el historiador Dion Casio, relatan un episodio curioso antes del desembarco.

Algunas unidades se negaron a embarcar. Para los romanos, el Mediterráneo era el “Mare Nostrum”, un mar familiar y relativamente seguro. Pero el canal que separaba la Galia de Britania era considerado parte del Océano, un espacio misterioso y temido.
Entre los soldados se difundieron rumores sobre:
- Criaturas marinas desconocidas.
- Tormentas peligrosas.
- Navegaciones sin retorno.
La negativa a embarcar fue lo bastante seria como para retrasar la operación.
Ante la situación, el emperador envió a su secretario imperial, el liberto Narciso, para dirigirse a las tropas. Sin embargo, cuando intentó hablar ante ellas, los soldados reaccionaron con burlas.
Según Dion Casio, comenzaron a gritar:
“¡Io Saturnalia!”
Era una referencia a la fiesta romana de las Saturnales, durante la cual los esclavos intercambiaban roles con sus amos. Con ese grito, los soldados se burlaban de la idea de obedecer órdenes de un antiguo esclavo.
Finalmente, la situación se resolvió mediante promesas de recompensas y aumentos de paga. Las tropas aceptaron embarcar y la expedición pudo comenzar.
El cruce del canal y el desembarco
El ejército romano cruzó el canal en varias oleadas. Las fuentes no coinciden exactamente en el punto del desembarco, pero muchos historiadores modernos consideran probable la zona de Richborough, en el sureste de la actual Inglaterra.
A diferencia de lo ocurrido en las expediciones de César, los romanos no encontraron una resistencia organizada en las playas. Las tribus britanas, lideradas por los caudillos Carataco y Togodumno, esperaron a los invasores en el interior del territorio.
Esto permitió a los romanos establecer una cabeza de puente segura y avanzar sin grandes pérdidas iniciales.
Las primeras batallas en territorio britano
Tras el desembarco, las tropas de Aulo Plaucio avanzaron hacia el interior y se enfrentaron a las fuerzas britanas en varias batallas.
Una de las más importantes tuvo lugar cerca del río Medway, en el sureste de la isla. Allí, las fuerzas romanas lucharon durante dos días contra las tribus comandadas por Carataco y Togodumno.
Los romanos lograron imponerse, en parte gracias a su disciplina y organización. Las fuentes mencionan la participación destacada de unidades auxiliares, especialmente de los jinetes bátavos, conocidos por su capacidad para cruzar ríos a nado con el equipo.
Tras esta derrota, los britanos se retiraron hacia el río Támesis, donde tuvo lugar otro enfrentamiento.
Durante estos combates murió Togodumno, uno de los principales líderes de la resistencia britana. Su muerte debilitó considerablemente la oposición a los romanos.
La llegada del emperador Claudio
Después de las primeras victorias, Aulo Plaucio se detuvo y envió un mensaje a Roma solicitando la presencia del emperador. Esta práctica no era inusual: el general aseguraba el terreno, y el emperador llegaba para recibir el mérito político de la victoria final.

Claudio viajó a Britania acompañado de refuerzos, entre ellos:
- Tropas adicionales.
- Equipos de asedio.
- Posiblemente elefantes, según algunas fuentes.
Su llegada tuvo un fuerte impacto simbólico. Bajo su mando, los romanos avanzaron hacia Camulodunum (actual Colchester), una de las principales ciudades de los britanos.
La ciudad fue tomada y convertida en la primera capital romana de la provincia.
Claudio permaneció en Britania solo unas pocas semanas, tiempo suficiente para:
- Participar en las operaciones finales.
- Recibir la sumisión de varias tribus.
- Proclamar el éxito de la campaña.
Después regresó a Roma para celebrar un triunfo.
El triunfo de Claudio en Roma
El regreso de Claudio fue recibido con una gran ceremonia triunfal, una de las mayores distinciones militares del mundo romano.
El Senado le concedió:
- El título honorífico de Britannicus.
- Un arco triunfal en Roma.
- Juegos y celebraciones públicas.
La conquista de Britania se convirtió en el principal logro propagandístico de su reinado. El emperador, considerado débil por muchos al inicio de su mandato, había ampliado las fronteras del Imperio.
Consecuencias de la invasión
La invasión del año 43 d. C. no supuso la conquista inmediata de toda la isla. La resistencia britana continuó durante décadas.
Algunas consecuencias importantes fueron:
1. Creación de la provincia de Britania
Roma estableció una administración provincial permanente, con:
- Gobernadores.
- Guarniciones militares.
- Nuevas ciudades.
2. Romanización del territorio
Con el tiempo, surgieron:
- Ciudades con estructura romana.
- Redes de calzadas.
- Comercio intensivo con el continente.
3. Resistencia y rebeliones posteriores
La conquista no fue sencilla. La más famosa de las rebeliones britanas fue la de Boudica en el año 60–61 d. C., que estuvo a punto de expulsar a los romanos de la isla.
Un logro político más que militar
Aunque la invasión de Britania tuvo importancia estratégica, su valor principal fue político.
Para Claudio, la campaña:
- Reforzó su legitimidad.
- Le ganó el apoyo del ejército.
- Le permitió presentarse como conquistador.
A diferencia de emperadores anteriores, pudo afirmar que había ampliado las fronteras del Imperio.
Valoración histórica
Las principales fuentes antiguas para la invasión de Britania son:
- Dion Casio.
- Suetonio.
- Inscripciones y restos arqueológicos.
Aunque estas fuentes presentan algunas diferencias, coinciden en los aspectos esenciales:
- El desembarco en el año 43 d. C.
- El mando de Aulo Plaucio.
- La participación posterior de Claudio.
- La conquista de Camulodunum.
La historiografía moderna considera la campaña un éxito militar, aunque la ocupación completa del territorio fue un proceso largo y complejo.
Conclusión
La invasión de Britania en el año 43 d. C. fue una de las campañas más significativas del siglo I del Imperio romano. Más que una simple operación militar, fue una jugada política cuidadosamente calculada por el emperador Claudio para consolidar su poder.
El desembarco, las primeras batallas y la toma de Camulodunum marcaron el inicio de casi cuatro siglos de presencia romana en la isla. Aunque la conquista no fue inmediata ni completa, el éxito inicial bastó para transformar la imagen de Claudio y asegurar su posición en el trono.
Aquella expedición, preparada en medio de dudas y supersticiones, terminó convirtiéndose en uno de los momentos clave de la expansión romana en Europa occidental.
