Cuáles son las 9 ciudades más grandes del Imperio Persa
Las ciudades del Imperio persa no formaban una jerarquía fija: cada una cumplía una función política, administrativa, religiosa o comercial. Este recorrido reúne nueve centros decisivos del Imperio aqueménida, desde la fundación de Ciro II hasta la conquista de Alejandro. El orden no es de población: la mayor con diferencia fue Babilonia, y las demás pesaron por lo que hacían —gobernar, cobrar impuestos, acuñar moneda, armar flotas— en un territorio que iba del Egeo al valle del Indo.
El poder persa se repartía entre varias residencias a la vez. Los reyes de la dinastía aqueménida movían la corte según la estación y la necesidad de administrar las provincias; por eso Susa, Babilonia y Ecbatana tuvieron un peso político distinto al de Persépolis o Pasargada. A la vez, ciudades como Sardes, Menfis, Tiro y Mileto conectaban el imperio con rutas, puertos y poblaciones muy diversas.
¿Cuál era la ciudad más grande del Imperio persa?
Babilonia, y por bastante margen. Su recinto amurallado llegaba a unas 900 hectáreas, el mayor de Oriente Próximo, mientras que la terraza de Persépolis ocupaba 125.000 metros cuadrados, algo más de doce hectáreas: eran cosas distintas, una ciudad y un complejo palaciego. Las cifras de habitantes, en cambio, son estimaciones modernas y muy desiguales, porque unas ciudades están bien excavadas y otras siguen enterradas bajo poblaciones de hoy. Por eso el orden de esta lista es histórico y no demográfico: capitales dinásticas, sedes satrapales y nodos que movían tropas, impuestos, archivos, mercancías y órdenes reales.
¿Cuáles fueron las principales ciudades del Imperio persa?
1. Pasargada: la capital de Ciro y santuario dinástico

Pasargada, en la llanura de Murghab, fue la residencia que Ciro II levantó tras derrotar a Astiages, rey de los medos, hacia 550 a. C. El conjunto no era una ciudad amurallada compacta al estilo mesopotámico: combinaba palacios, salas de audiencia, una plataforma fortificada y jardines irrigados distribuidos en un paisaje abierto. Esa mezcla de arquitectura persa, elamita y anatolia anticipó varios rasgos de las residencias aqueménidas posteriores.
Su importancia sobrevivió a la mudanza de la corte. La tumba atribuida a Ciro convirtió Pasargada en un lugar de memoria dinástica y, según las fuentes clásicas, los reyes aqueménidas seguían vinculando allí sus ceremonias de acceso al trono. Dos siglos más tarde, al volver de la India, Alejandro encontró la tumba saqueada y sin la tapa del sarcófago, y encargó a su ingeniero Aristóbulo que la reparase. Puedes situar la expansión inicial del monarca con esta biografía de Ciro el Grande.
2. Persépolis: el gran escenario de la monarquía aqueménida

Darío I comenzó Persépolis —la Parsa de las inscripciones— alrededor de 520 a. C. en una terraza al pie de la montaña de Rahmat. Jerjes I y Artajerjes I continuaron el programa. Más que una capital administrativa cotidiana, fue un centro palaciego y representativo: la Apadana, las puertas monumentales, los tesoros y los relieves de delegaciones expresaban la diversidad de pueblos sometidos al rey.
En la escalera de la Apadana desfilan veintitrés delegaciones con sus regalos, cada una con su indumentaria y sus animales: es una declaración política del imperio como orden y cooperación entre regiones, más que el retrato de una ceremonia concreta. Las tablillas administrativas halladas en el mismo recinto enseñan la trastienda: obreros identificados por nombre y origen, raciones de cebada y vino, y suplementos para las trabajadoras que acababan de dar a luz. Puedes ampliar el contexto del reinado con los logros atribuidos a Darío el Grande.
3. Susa: una capital administrativa entre Elam y Persia

Susa ya era una gran ciudad elamita cuando pasó a la esfera persa en tiempos de Ciro II. Bajo Darío I se convirtió en una de las principales residencias y sedes administrativas del imperio, y en el extremo oriental del Camino Real: Heródoto contó 111 postas entre Susa y Sardes y calculó noventa días de viaje a pie, un trayecto que los correos del rey, cambiando de caballo en cada parada, cubrían en unos nueve.
La inscripción de fundación del palacio de Darío enumera materiales y artesanos procedentes de regiones muy distintas: cedro del Líbano, oro de Lidia y Bactria, marfil de Nubia, India y Aracosia, entre otros. No es solo una lista de lujo; permite ver cómo la corte concebía el imperio como una red de territorios capaces de aportar trabajo especializado y materias primas.
4. Ecbatana: capital meda y residencia de verano

La crónica de Nabónido registra que Ciro derrotó a Astiages, tomó Ecbatana y trasladó su tesoro a Anshan en 550 o 549 a. C. La ciudad, identificada con la actual Hamadán, no perdió por ello su peso: los aqueménidas la usaron como residencia de verano y tesorería. Su altura y su situación en las rutas de los Zagros hacían de ella un lugar práctico para la corte durante los meses calurosos.
Heródoto describió Ecbatana rodeada de siete murallas concéntricas, cada una con las almenas de un color y las dos últimas revestidas de plata y de oro; hay quien ve ahí el recuerdo de un zigurat escalonado antes que el plano de una ciudad. Lo que textos y hallazgos sí confirman es su continuidad como centro de la satrapía de Media, tesorería regia y residencia estival de la corte.
5. Sardes: la sede persa en Lidia

Sardes era la capital de Lidia cuando Ciro venció a Creso. La cronología más aceptada sitúa la campaña en 547 a. C., aunque la lectura de la crónica babilónica que sustenta esa fecha se ha discutido. Tras la conquista, Sardes pasó a ser una sede satrapal decisiva para controlar el oeste de Anatolia y las relaciones con las ciudades griegas de la costa.
Sardes es además la cuna de la moneda acuñada. Allí salieron las primeras piezas de electro, la aleación natural de oro y plata que arrastraba el río Pactolo, y de su ceca salió después el primer sistema bimetálico de la historia: el dárico de oro y el siclo de plata que Darío I puso en circulación hacia el 510 a. C., a razón de veinte siclos por dárico. Bajo los aqueménidas la ciudad fue también la sede desde la que los sátrapas administraban una provincia extensa.
6. Babilonia: ciudad conquistada y eje mesopotámico

La entrada de Ciro en Babilonia en 539 a. C. incorporó al imperio la mayor ciudad de Oriente Próximo, con sus archivos, sus palacios y su posición en la circulación entre el Éufrates y el golfo. El Cilindro de Ciro, conservado en el Museo Británico, cuenta la toma en el idioma de la propaganda babilónica: Marduk elige al rey persa y lo lleva a la ciudad para restaurar el orden. Es el discurso oficial de la conquista, y así hay que leerlo.
La relación cambió con cada reinado. Darío I tuvo que sofocar dos rebeliones en las que sendos aspirantes se proclamaron Nabucodonosor, y Jerjes dejó de usar el título de «rey de Babilonia» después de las revueltas de 484 a. C. Aun así, la ciudad siguió siendo la pieza fiscal más rica del imperio: según Heródoto, su satrapía entregaba mil talentos de plata al año, el tributo más alto de cuantos se pagaban en ese metal. Para conocer la cultura urbana anterior, tienes este artículo sobre los zigurats de Mesopotamia.
7. Menfis: el centro persa de Egipto

Cambises II conquistó Egipto en 525 a. C., tras vencer en Pelusio y avanzar hacia Menfis. La ciudad ya era una capital histórica egipcia y siguió siendo un centro administrativo y simbólico para la nueva satrapía. Los gobernantes persas adoptaron titulatura faraónica y tuvieron que negociar con instituciones locales, en especial los templos y sus élites.
El dominio aqueménida tuvo dos etapas separadas por unos sesenta años de independencia. La primera es la dinastía XXVII, de 525 a 404 a. C., que terminó con la revuelta de Amirteo y el regreso de faraones egipcios al trono. La segunda llegó con Artajerjes III, que en 343 a. C. derrotó a Nectanebo II —el último faraón nacido en Egipto— y abrió la dinastía XXXI, que duró once años: en 332 a. C. entró Alejandro. Tienes esos dos periodos con más detalle en el artículo sobre el Antiguo Egipto bajo el Imperio persa aqueménida.
8. Tiro: un puerto fenicio esencial para la flota

Tras la caída de Babilonia en 539 a. C., Fenicia reconoció la autoridad persa sin que mediara una campaña de conquista, y sus reyes locales conservaron un amplio margen de actuación. El acuerdo interesaba a ambas partes: Persia obtenía puertos, marineros y naves; las ciudades fenicias mantenían su gobierno dinástico y las redes de banca y comercio que llevaban siglos tejiendo por el Mediterráneo.
La flota fenicia fue la columna vertebral del poder naval persa en el Mediterráneo y participó en la expedición de Jerjes contra Grecia que acabó en la batalla de Salamina. Tiro mantuvo prosperidad y autonomía relativa durante casi dos siglos, con conflictos y rebeliones de por medio. Su capítulo aqueménida terminó en 332 a. C.: Alejandro tardó unos siete meses en rendirla y para lograrlo levantó un dique desde la costa hasta la isla, un terraplén que fue reteniendo sedimentos y acabó convirtiendo Tiro en la península que es hoy.
9. Mileto: una ciudad jonia bajo poder persa

Mileto era una ciudad griega de Jonia, conocida por su comercio y por ser la patria de Tales, el primer filósofo de la tradición occidental. Tras la conquista de Lidia, quedó dentro de la esfera persa. Su relación con el imperio fue inestable: Aristágoras impulsó desde Mileto la revuelta jónica de 499 a. C., que arrastró a otras ciudades de Asia Menor.
Después de la derrota naval jonia en Lade, Mileto cayó en 494 a. C. Heródoto cuenta que la represión fue severa y que a los supervivientes se los llevaron hasta Susa, y que desde allí Darío los asentó en Ampe, en la desembocadura del Tigris, a más de dos mil kilómetros de su ciudad. Mileto siguió en el centro de los conflictos entre persas y griegos hasta que Alejandro la tomó en 334 a. C. Puedes completar ese desenlace con estos datos sobre Alejandro Magno.
¿Qué fuentes permiten comprobar estos datos?
Para revisar fechas, funciones urbanas y las cautelas señaladas se han utilizado obras de referencia especializadas y una fuente primaria conservada en museo:
- Encyclopaedia Iranica: capitales aqueménidas, sobre la red de capitales persas.
- Encyclopaedia Iranica: estudio de Pasargada, para la fundación, los palacios y la tumba de Ciro.
- Encyclopaedia Iranica: estudio de Ecbatana, sobre la toma de la ciudad y su función estacional.
- Encyclopaedia Iranica: los persas en Egipto, para las dos etapas del dominio persa.
- British Museum: el Cilindro de Ciro, documento babilonio sobre la conquista de 539 a. C.
- Encyclopaedia Iranica: el dárico, para la moneda de oro persa y su relación con el siclo.
- Livius: el Camino Real, sobre las postas entre Susa y Sardes y los tiempos de viaje.
- Arriano: Alejandro ante la tumba de Ciro, para el saqueo y la reparación del monumento.
